jueves, 12 de junio de 2014

Gracias equipo

A unas pocas horas de que se dispute en el Palau Blaugrana el cuarto partido de la semifinal de la Liga ACB entre el Barça y el València Basket, no sabemos si la eliminatoria terminará hoy o si será necesario un quinto y definitivo partido. La lógica dice que mañana comenzarán las vacaciones para los jugadores del Valencia, pero el corazón nos deja un resquicio para soñar un poco más.

Porque corazón es lo que le sobra a este grupo. Así lo demostraron el pasado martes, contra el mismo equipo y en el mismo escenario. Agotados física y psicológicamente tras una exigente temporada, con tres hombres importantes lesionados y con tan solo ocho jugadores disponibles, se afrontó el partido.

Y no empezó nada mal. Con varios contraataques seguidos que daban una ligera ventaja en el marcador. Pero poco a poco la situación fue cambiando. A peor.

Pasaban los minutos y el cansancio iba en aumento. Se fallaban tiros aparentemente cómodos; empezaba a faltar el oxígeno y el Barça, sin hacer un gran partido, se aprovechaba de la situación (sobre todo en la pintura) para ir despegándose en el marcador hasta llegar a colocarse catorce arriba. Todavía estábamos en el segundo cuarto y la cosa pintaba fatal.

El paso por el vestuario dio algo de aire a los taronja. Mientras, el Barcelona desperdició su oportunidad de romper el partido cuando parecía que ya lo tenía todo hecho. Y en ese momento cambió la dinámica del partido. La distancia en el marcador no aumentaba. Incluso, muy poco a poco, se iba reduciendo.

Así comenzó el último cuarto. Apenas jugado un minuto Triguero fue eliminado por personales y en el ataque siguiente Pau Ribas con un esguince de tobillo se tuvo que retirar al banquillo. Partido empatado y dos bajas más para aumentar la colección.

Pero el equipo continuó a lo suyo, con lo que lleva haciendo toda la temporada. Trabajando. Defendiendo. Sin esconderse. Haciendo los tiros cuando había que hacerlos. Sin acelerarse.

Sin fuerzas pero con ganas. Con corazón. Con ilusión. Con orgullo. No dándose por vencidos en ningún momento. Demostrando una vez más lo que son: un auténtico EQUIPAZO. Con mayúsculas.

Y así fue como para alegría de muchos y sorpresa de casi todos acabaron destrozados, casi sin aliento, pero llevándose el partido.

Por eso, pase lo que pase en el cuarto partido, ganemos o perdamos, por uno o por cuarenta, nada impedirá que nos sintamos tremendamente orgullosos de un equipo que durante toda la temporada nos ha hecho disfrutar, divertirnos y soñar, demostrando que con trabajo, ilusión y ganas, todo se puede conseguir.

Gracias València Basket Club.



Posdata. Actualizado el día 13 de junio.

Este equipo no tiene límites. Se multiplica ante las adversidades y nunca, nunca se da por vencido.

Lo han vuelto a hacer. Anoche dieron otra lección de garra, de sentimiento, de orgullo, de ganas, de corazón, de trabajo, de sacrificio... y le pasaron por encima al Barça. En su casa y por catorce puntos de diferencia. Impresionante.

Eliminatoria empatada. Habrá quinto partido, el domingo, en la Fonteta.

Me quedo sin palabras. Tan solo se me ocurren dos.
ENHORABUENA, CAMPEONES.



Posdata. Actualizado el día 16 de junio.

Se acabó. 
Se pudo ganar, se pudo perder, y se pudo empatar. Pero después de cinco partidos y tras doscientos minutos de juego, la eliminatoria se resolvió en 6 segundos.

Una jugada. Una canasta. 

Terminó una fantástica temporada. Vacaciones para todos. 
Ahora tan solo queda agradecer a todos y cada uno de los componentes del club la enorme temporada que nos han ofrecido. Que disfruten de un merecido descanso y en septiembre a continuar en la misma línea.

Gracias por una gran temporada.






viernes, 6 de junio de 2014

Aniversario

Los cumpleaños son algo especial. El hecho de cambiar de número, de ver cómo se va actualizando el contador de nuestra vida siempre es, como diría aquel, "motivo de orgullo y honda satisfacción". (Un saludo, juancar).

A menudo constituyen la excusa perfecta para reunirnos con familiares y amigos, tanto los del día a día como aquellos a los que vemos con menos frecuencia y con quienes mantenemos un contacto menor del que nos gustaría.

El objetivo es juntarnos, en grupos más o menos numerosos. Tomar una cerveza (o una fanta y un sándwich de nocilla según la edad y las circunstancias), charlar un rato, recordar antiguas anécdotas... en definitiva: estar juntos.

Aunque en esto, como en casi todo, no existen las verdades absolutas. De ahí que haya quien opine justo todo lo contrario, y sea más de celebraciones íntimas. Incluso de ninguna celebración, ya que odian cumplir años y por tanto se niegan a celebrar algo que no quieren asumir.

Pero queramos o no reconocerlo, el tiempo pasa. Para todos y para todo.






Hoy se cumple un año desde que comenzó la experiencia. Ya han pasado 365 días desde que escribí la primera entrada en este blog. Espero que con el tiempo haya muchas más y que cada vez os resulten más interesantes. Intentaré esforzarme para que así sea.

Gracias a todos por estar ahí: a quienes llegáis por primera vez a este blog y a los que lo visitáis más frecuentemente. Sois todos bienvenidos. Estáis en vuestra casa.

Espero vuestros comentarios.


viernes, 30 de mayo de 2014

28 de mayo

Dejar que transcurra el tiempo es la mejor forma de comprobar que, antes o después, todo llega. Incluso el día que tanto (y tantos) estábamos esperando.

Por fin se acabaron tus preocupaciones. Las entrevistas. Los continuos viajes. Las interminables reuniones...

A partir de ahora podrás dedicarte a descansar. A pasear. A tomar el sol.
Podrás cambiar de uniforme, sustituyendo las habituales chaquetas y corbatas por una indumentaria más informal.

Ya no te acosarán los fotógrafos.
Ni te seguirán los periodistas.
Ni te increparán los ciudadanos por la calle.
¡Ni siquiera tendrás que soportar los comentarios de tus adversarios!

Durante un tiempo no tendrás que preocuparte por nada.






Paciencia. Que ocho años pasan volando.


lunes, 26 de mayo de 2014

El espía

Las campanadas del viejo reloj le despertaron, anunciándole que había llegado el momento. Con dificultad recogió la manta caída a sus pies y sorteando el escaso mobiliario se dirigió a la ventana. Apartó ligeramente la cortina y allí permaneció inmóvil y en silencio, agazapado en su puesto de observación.

Tan solo unos minutos después, aunque a él le pareció que llevaba años en la misma postura, la vio aparecer. Caminaba por la otra acera, como en una sucesión de imágenes estroboscópicas provocadas por las frondosas moreras que le interrumpían la visión. ¡Malditos árboles! Cómo deseaba que el otoño se llevara aquellas hojas que tanta incomodidad le causaban.




El plan era sencillo. Llevaba tiempo espiándola, viéndola pasar cada tarde, y conocía de sobra sus rutinas horarias. Simplemente la esperaría en la calle, se acercaría a ella y la abordaría.

Incluso había preparado una especie de guión de la conversación que mantendrían. O al menos de su parte del diálogo. Con la mejor de sus sonrisas le preguntaría si conocía alguna farmacia por la zona, que por descontado él sabía que se encontraba dos calles más allá, en la misma dirección que ella llevaba. Sin duda le indicaría el camino. Tal vez incluso se ofrecería a acompañarle durante un tramo. Eso sería suficiente.

No podía fallar. Estaba seguro de que el plan funcionaría. Cualquiera en su lugar sería capaz de hacerlo.


Pero no se podía engañar. Era consciente de su situación y de las dificultades que tenía para relacionarse con el resto del mundo. Por eso mismo sabía que llegado el momento se quedaría embobado, incapaz de articular palabra alguna, mientras el rubor le iría cubriendo las mejillas obligándole a marcharse lo antes posible.


Una vez más vio como la mujer pasaba sin detenerse, recorriendo toda la calle para desaparecer un poco más allá, al girar a la derecha. Como si fuera camino de la farmacia.

Dejó caer la cortina, se ajustó firmemente los guantes y, con la misma languidez con la que las lágrimas resbalaban por su rostro, se dirigió en su silla de ruedas al rincón donde pasaría el día.

jueves, 8 de mayo de 2014

Cultura del esfuerzo


Ayer por la tarde, en el vigésimo cuarto partido europeo de la temporada, el Valencia Basket se proclamó campeón de la Eurocup, la segunda competición en importancia del baloncesto europeo de clubs. En el territorio de los antiguos Tártaros, a más de cuatro mil kilómetros de casa, l'equip taronja (ahir de blau) pasó por encima de un cuadro ruso plagado de figuras y con un presupuesto mucho mayor que el del equipo valenciano.

Ya lo hizo la semana pasada en la Fonteta ganando por trece puntos en un espectacular partido en el que arrolló a su rival (llegando a ir 30 arriba), y lo corroboró ayer con otra exhibición en todas las facetas del juego ganando por doce puntos de diferencia.

BALONCESTO con mayúsculas. Gran acierto en el tiro, rápidas circulaciones de balón para hacerlo llegar en cada ocasión al compañero en mejor situación, controlando los rebotes en las dos zonas, minimizando las pérdidas de balón y consiguiendo que los relevos de unos jugadores por otros no afectaran al juego del conjunto.

Pero, sobre todo, defendiendo. Fuertes atrás, pasando los bloqueos, saltando en las ayudas, robando balones, forzando una y otra vez los errores del rival. En pocas palabras: bajando en culo para defender.

Cada uno en su papel, interpretando la partitura diseñada por Perasovic. Los jugadores en pista controlando el partido y jugando casi a placer, destacando por encima de todos Justin Doellman (impresionante una vez más el Capitán América con 26 puntos, que junto a los 28 del primer partido lo convirtieron en el MVP de la final). El resto de la plantilla junto a los técnicos, utilleros y cuerpo médico (Pablo permanentemente por delante de la vaya publicitaria, como queriendo entrar en pista en cualquier momento) animando y jaleando constantemente las acciones de los compañeros. Y detrás del banquillo, en las primeras filas de la grada, un buen puñado de valientes que con ganas, mucho esfuerzo y cinco horas de avión se plantaron en Kazan para dejarse las gargantas disfrutando con su equipo.




Cultura del esfuerzo. Ese es el lema que lucen los jugadores del Valencia Basket desde que Juan Roig, propietario y alma mater del club, decidió plasmar en las camisetas de su equipo la máxima que tan buen resultado le ha dado en la vida, tanto a nivel personal como profesional. En un momento decisivo optó por dejar de ingresar una buena cantidad de euros por publicitar una determinada marca comercial y decidió crear la suya propia, la "marca blanca" con la que ha conquistado Europa por tercera vez.

Baloncesto: defensa, equipo, esfuerzo. Palabras mágicas que ayer nos hicieron llegar a lo más alto a nivel europeo y que con toda seguridad nos permitirán, dentro de unas semanas, optar a todo en los play off de la Liga ACB.