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miércoles, 29 de marzo de 2017

"Sucios y malvados"

Autor: Juanjo Braulio



Novela negra   
Ediciones B
1ª edición, febrero de 2017
640 páginas.











BIOGRAFÍA


Juanjo Braulio (Valencia, 1972) se graduó en Enseñanzas Artísticas por la Sankt Eskils Skola de Eskilstuna (Suecia) pero, "como lo que más me gusta hacer es leer y por leer no pagan, me hice periodista", y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad Politécnica de Valencia.

Comenzó su carrera como periodista en la delegación valenciana de Diario 16. Posteriormente fue redactor de distintas secciones del diario Las Provincias, en el que llegó a ser Jefe de Opinión. Después fue Jefe de Informativos de la desaparecida Ràdio Nou, y colaborador del Suplemento Semanal XL, de la agencia Colpisa y del diario ABC.




Debutó en el mundo literario en 2004 con una recopilación de sus columnas de opinión bajo el título "La escalera de Jacob". En 2014 publicó un libro de viajes sobre Suecia titulado "En Ítaca hace frío". Ya en 2015, después de tantos años contando verdades que parecían mentira, decidió probar suerte en el intento de contar mentiras para decir verdades, y lo hizo con la publicación de "El silencio del pantano", su primera novela.

En febrero de 2017 ha aparecido su último libro hasta el momento "Sucios y malvados", también en Ediciones B.

(Datos biográficos y fotografía extraídos de la web del autor: juanjobraulio.com).



SINOPSIS


     Tras deslumbrar con su primera novela, calificada de "obra maestra" por la crítica y cuya adaptación al cine ya está en marcha, Juanjo Braulio regresa a las librerías con este monumental thriller literario que combina una trama policíaca impecable con una gran reflexión sobre la justicia, el sexo, el poder y la violencia contra las mujeres.

     Un grupo de prostitutas que acuden a rezar a la Virgen de las Rameras en un edificio abandonado; un músico que jamás ha logrado superar el secuestro que sufrió cuando era niño; una abogado sin escrúpulos; un notario con oscuros gustos sexuales; un contenedor de transporte marítimo con un siniestro contenido; un hombre que aparece ahorcado en el lugar exacto donde estuvo hace siglos la entrada al barrio de los burdeles...

     Braulio presenta un juego diabólico formado por distintas tramas que la inspectora Roma Besalduch luchará por conectar, buceando en las profundidades y los secretos de una Valencia entre cuyas negras sombras se ocultan sus habitantes más sucios y malvados.  



COMENTARIO

  
      Brutal. Demoledor. Apabullante. Magnífico. Todo esto y mucho más es este “Sucios y malvados”. Como un puñetazo en la boca del estómago del lector, que por momentos corta la respiración -tanto por lo que cuenta como por la forma de contarlo-, y en otros permite una mínima relajación a la espera del siguiente golpe que no tardará en llegar.


      Desde un primer momento se muestra la historia con toda su crudeza. Porque tal y como aseguran los manuales de técnicas de escritura, -además de la más pura lógica-, el primer objetivo que ha de cumplir una historia para resultar atractiva al lector es atraparle desde el primer momento con un inicio impactante que le anime a continuar con la lectura. Y en esta ocasión Juanjo Braulio lo ha conseguido, una vez más.


     Ya en su anterior libro “El silencio del pantano” nos sorprendía con un arranque en el que un macabro hallazgo era el desencadenante de la acción. En aquella ocasión era la aparición de un saco flotando en el río Turia en el que se encontraban mezclados restos humanos junto a otros de varias especies animales distintas. Ahora la inmensa alegría de un grupo de trabajadores agraciados con el primer premio de la lotería de Navidad se convierte en horror cuando uno de ellos decide, de manera aplastante, acabar con todo y quitarse la vida. 





      Comienza así este libro, en un tono brutal y desgarrador. Y así se mantendrá a lo largo de las más de seiscientas páginas en las que acompañaremos al autor en un descenso a lo más bajo, a lo más profundo, a los infiernos personales y colectivos de una sociedad enferma cuyos síntomas, por ignorados no dejan de ser más reales y cercanos. Es muy cómodo mirar para otro lado y hacer como que no vemos, como que no nos incumbe. Pero la realidad está ahí mismo: en nuestra propia ciudad; tal vez a una calles de distancia; o agazapada tras la puerta de al lado de nuestro apacible hogar.


      En ese descenso a los infiernos que nos propone el autor iremos conociendo y viviendo cómo la violencia, la imparcialidad y la injusticia se enseñorean de un mundo regido por el dinero, la depravación, los abusos y los crímenes más bajos y execrables.


      Y lo haremos acompañados por un buen número de variopintos personajes que irán completando la historia. Víctimas unos y verdugos los otros, pero todos ellos implacablemente marcados por la violencia. Jóvenes africanas o de la Europa del Este traídas al primer mundo con engaños y obligadas a prostituirse como único medio de pago para saldar las imposibles deudas contraídas; mujeres víctimas de todo tipo de violencia por parte de quien se suponía que era quien más las quería; aparentes ajustes de cuentas entre bandas rivales por el control de algún negocio ilícito; ejemplares padres de familia que satisfacen sus más bajos instintos a cambio de unos pocos euros, forzando a niñas que todavía no han llegado a la pubertad, o teniendo sexo rápido con alguna ingenua “secretaria para todo”. Y profesionales del crimen y de la violencia, que se dedican a ello como forma de ganarse la vida y/o para costearse sus propios vicios.

"Cuando la existencia es tan indigna y miserable, la mentira, la traición y el beneficiarse de los golpes de suerte tal y como vengan sin que les importe qué daños puedan causar a los demás, son solo herramientas que pueden y deben usarse si las circunstancias lo aconsejan".  Página 457.


      Entre medio de todos ellos, cabalgando sobre la delgada línea que a menudo separa el bien del mal, nos toparemos con la ley y la justicia. Un grupo de policías, encabezados por la inspectora Roma Besalduch, intentando recomponer el rompecabezas que tienen ante sus ojos. Una jueza y unos forenses que parecen más preocupados por dar celeridad a sus actuaciones que por llegar hasta el final de las mismas. En ocasiones por falta de personal, otras por escasez de medios o quien sabe si por alguna otra razón. Y un grupo de mujeres que, en silencio, se rebelan ante esta situación y deciden tomar partido por las víctimas y llegar, con sus propios y abundantes recursos, a donde la justicia en ocasiones no puede o no debe llegar.

"Una cree que, a mis años y con mi experiencia, ya lo ha visto todo. Pero la maldad y la estupidez humana parece no tener límites". Página 196.


      Por otro lado, la relajación y el tono más distendido -en los breves instantes que el autor nos concede para que recuperemos la respiración antes de volver a golpearnos con la más dura realidad- viene de la mano de dos personajes secundarios muy bien conseguidos: Charo y Manuela. Dos vecinas; dos amigas. Dos mujeres normales y corrientes que hablan de sus cosas cuando coinciden por el barrio en sus quehaceres diarios. De sus maridos, de la familia, y de “cómo está el mundo”.


      También son dignos de destacar otros dos personajes con una presencia bastante residual aunque importante en el desarrollo de la historia y conocidos por sus curiosos apodos. Chetú y Cagendeu son dos macarras, dos matones, dos “malvados” que hacen lo que tienen que hacer sin plantearse absolutamente nada más, pero que, pese a todo, acaban por resultarnos simpáticos. 





      Y un par de cameos del propio autor en lo que parece ser otra de sus señas de identidad. Un más que evidente auto homenaje cuando uno de los personajes menciona que le gustan las novelas que escribe un tal “Q”, y el otro también en un bar (como en el libro anterior), aunque esta vez localizado en “la Ciudad Eterna”, en muy buena compañía pero teniendo por vecino a un tipo mucho más que peligroso.


      Pero si hay un personaje en esta novela coral que sobresale de entre todos los demás ese es sin duda Dani. Un joven compositor que solo puede sobrevivir a través de la música y que soporta su existencia con la ayuda de todo tipo de sustancias prohibidas. Es el hilo conductor de la historia. A través de él y de los cuadernos que metódicamente va rellenando día tras día iremos conociendo retazos de su historia personal, el por qué de sus problemas mentales, y de como a través de la música es capaz de “ver” a las personas y de distinguir en ellas la verdad de la mentira.



      Si en su anterior libro Juanjo Braulio abordaba el tema del poder en sus distintas vertientes y en cómo habitualmente ese poder suele utilizarse para hacer el mal, en esta ocasión la reflexión que se nos plantea es mucho más personal y cercana todavía. Ante un hecho delictivo, incluso en el caso de que este llegue a resolverse, a juzgarse y a condenar a los responsables, siempre queda una cuestión pendiente: el resarcimiento a las víctimas.

     Porque, ¿es suficiente la pena de cárcel para resarcir a quien tanto ha padecido? La víctima de una violación, de malos tratos, o los familiares de una persona que ha sido asesinada se deben/pueden sentir “satisfechos” con el hecho de que el causante cumpla más o menos años de prisión? ¿Y qué ocurre cuando por la habilidad de los abogados defensores, por algún defecto formal o por errores judiciales (que intencionados o no también los hay en cantidades ingentes) los responsables de semejantes barbaridades ni siquiera llegan a ser condenados?

"En derecho, Cristina, hay dos maneras de ganar un juicio. Una es ganarlo, claro; la otra es no perderlo nunca y dilatar el proceso de tal manera que, al final, se quede en nada". Elvira (la jueza) hablando con Cristina. Página 632.


      Ley y Justicia son conceptos diferentes y en ocasiones hasta antagónicos. Y de eso saben mucho les dones de cadira, un grupo de mujeres tan distintas entre sí que se tienen que reunir en un solitario claustro apartado para huir de las miradas indiscretas que, de otro modo, inevitablemente provocarían. Una especie de modernas “amazonas del apocalipsis” (espero que don Vicente sabrá perdonar la “boutade”) que por diferentes motivos personales optaron por dejar de lamentar su suerte y decidieron que había que hacer algo más que quejarse, uniéndose para, con sus propios y amplios recursos, resolver aquello que otros no podían o no querían hacer.


Claustro del Real Monasterio de la Trinidad


      Siempre se ha dicho que se escribe de lo que se conoce, o bien se documenta uno antes de ponerse a escribir sobre cuestiones que no domina demasiado. Rompamos aquí otro mito: el del escritor cómodo que sitúa la acción en su ciudad (para no tener que investigar demasiado) y que habla de personas y hechos que tiene relativamente cerca.

 
      No sea usted modesto, Sr. Braulio, porque ya no cuela. En este libro, como en el anterior, queda patente el gran trabajo de documentación realizado por el autor en muchos y diversos temas: la trama policial parece lógica y sobre todo verosímil (algo que muchas veces brilla por su ausencia en la llamada novela negra); las explicaciones médicas y de determinados procesos químicos son rigurosas y completas, así como las notas históricas sobre la ciudad de Valencia, la inmigración ilegal y las mafias que la manejan; cuestiones de informática que sobrepasan con mucho el nivel de “usuario”; las acertadas y contínuas referencias cinematográficas y literarias; y… la música. Sobre todo la música.


      Porque ese es el vehículo sobre el que se articula la historia. O, mejor dicho, las distintas historias que van entrecruzándose hasta desembocar en la colosal escena final. Las explicaciones musicales y las contínuas referencias a tonalidades y escalas cromáticas tal vez resulten demasiado complicadas para el común de los mortales, aunque imagino que serán motivo de disfrute tanto para los profesionales de la música como para los grandes conocedores de los entresijos de las composiciones musicales.


      Este sería el único pero que le podría poner al libro. Determinados pasajes y descripciones musicales que por elevadas y complejas me han resultado ininteligibles (tal es el grado de erudición que demuestran). Pero teniendo en cuenta quién es el personaje que realiza esas explicaciones y cuál es su situación mental provocada (aunque tangencialmente) por la música, el autor queda más que disculpado por ello.


      Es Dani el personaje que más aparece en la novela, el que cierra casi todos los capítulos y el que culmina la acción en una escena soberbia. Dura, como casi todo el libro, en la que convergen la música, el color, los olores y la acción más trepidante.


       Además se nota que es con este personaje con el que más ha disfrutado (y supongo que sufrido) el autor, y al que más páginas dedica. Y nosotros como lectores lo agradecemos por conocer su historia, por acompañarle en su sufrimiento y finalmente poder seguirle en un viaje purificador. Un gran personaje a la altura de un fenomenal libro.


     También es digna de elogio la construcción de otro de los personajes claves en la historia, ya que Roma Besalduch es una inspectora de policía alejada de los típicos clichés de personajes similares que suelen abundar en este tipo de obras. ¡Bravo, sr. Escritor! por demostrar que no es imprescindible que las jóvenes policías se nos presenten siempre abrumadas por su tormentoso pasado, ni que se tengan obligatoriamente que enamorar (generalmente de algún superior, o del atractivo juez de instrucción) habitualmente hacia la mitad de la historia. Para leer a este tipo de personajes ya sabemos a donde acudir. Desde luego no los encontraremos en las obras de Juanjo Braulio.

"Los hombres, Romi -le dice- tienen que ser como los zapatos: monos, bien de precio y que no te duelan". Patricia hablando con Roma, página 293.


      Porque aquí estamos hablando de otra cosa: de justicia, de venganza, y de literatura de verdad. Juanjo Braulio nos regala una historia dura, un relato magnífico en un estupendo libro.
      De los que dejan poso. De los que nos hacen reflexionar. De los que se instalan en nuestro interior y tiempo después de haberlos terminado todavía permanecen en nuestra cabeza y en nuestro corazón.

"La generosidad, la valentía, la integridad e incluso el mero sentimiento de humanidad resultan ser artículos de lujo que no se pueden pagar cuando la única posesión es la angustia, la pobreza y la desesperación". Página 55.



      En cierta ocasión contaba un amigo (perdona Juanjo, pero no recuerdo de quién es la cita) que el primer libro se escribe para que guste al editor, para así poder conseguir que se llegue a publicar. Que con el segundo se debe intentar gustar a los lectores, afianzando a los que leyeron el primero y consiguiendo nuevos adeptos. Y que es en el tercero cuando al fin el autor consigue desprenderse de esa mochila, desinhibirse y escribir para si mismo, librándose en cierto modo de los lastres anteriores.

      Pues si esto es así no puedo ni imaginar con que nos sorprenderá Juanjo Braulio en el futuro. 
 
      Pero de lo que estoy seguro es de que será otra fantástica historia. Y magistralmente escrita. ¡Enhorabuena, escritor!


    

  

martes, 1 de diciembre de 2015

"El silencio del pantano"


Autor: Juanjo Braulio



Novela negra   
Ediciones B
1ª edición, septiembre de 2015
400 páginas.








BIOGRAFÍA


Juanjo Braulio (Valencia, 1972) se graduó en Enseñanzas Artísticas por la Sankt Eskils Skola de Eskilstuna (Suecia) pero, "como lo que más me gusta hacer es leer y por leer no pagan, me hice periodista", y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad Politécnica de Valencia.

Comenzó su carrera como periodista en la delegación valenciana de Diario 16. Posteriormente fue redactor de distintas secciones del diario Las Provincias, en el que llegó a ser Jefe de Opinión. Después fue Jefe de Informativos de la desaparecida Ràdio Nou, y colaborador del Suplemento Semanal XL, de la agencia Colpisa y del diario ABC.




Debutó en el mundo literario en 2004 con una recopilación de sus columnas de opinión bajo el título "La escalera de Jacob". En 2014 publicó un libro de viajes sobre Suecia titulado "En Ítaca hace frío". Ya en 2015, después de tantos años contando verdades que parecían mentira, decidió probar suerte en el intento de contar mentiras para decir verdades, y lo hizo con la publicación de "El silencio del pantano", su primera novela. 

(Datos biográficos y fotografía extraídos de la web del autor: juanjobraulio.com).



SINOPSIS


     En esta deslumbrante novela negra, la poderosa voz de Juanjo Braulio nos sumerge en una historia de muerte, codicia y falta de escrúpulos, dejando al lector sin aliento y con la sensación de haber leído una obra maestra.

     La trama arranca con el hallazgo de un cadáver en un recodo del río Turia. El asesino parece recrear un antiguo ritual romano reservado a los reos culpables de parricidio. El crimen salpica a los poderosos de la sociedad valenciana, que pronto dejarán al descubierto el pantano silencioso, símbolo de la decadencia y la corrupción, sobre el que se alza la ciudad. La investigación se verá envuelta en este fango cada vez más escondido y peligroso, desvelando oscuros episodios de nuestro pasado.

     Lleno de referencias literarias, con ecos de Rafael Chirbes y guiños a Patricia Highsmith y Paul Auster, el adictivo debut literario de Juanjo Braulio lo tiene todo para convertirse en uno de los acontecimientos editoriales del año.  


COMENTARIO

     Todo aquel que se sumerja en este libro sin demasiada información previa del autor y de su obra, cosa harto improbable debido a los numerosos y en su mayoría favorables comentarios que está acumulando, a poco de comenzar la lectura confirmará que se encuentra ante una novela negra, ya que en apenas unas páginas será testigo de la aparición de varios cadáveres en un río (aunque solo uno de ellos -o lo que queda de él- pertenezca a un ser humano), del inicio de la investigación del crimen, de dos secuestros violentos y de tres asesinatos más.

     Pero nada más lejos de la realidad. El silencio del pantano, pese a la catalogación que de ella realiza la propia editorial, no es una novela negra. O, por mejor decir, no lo es únicamente. Es también un relato social, un retrato de la sociedad actual en la que un grupo reducido de personas consigue mantener su estatus y su poder gobierne quien gobierne. Como el agua y el aceite, sin mezclarse con sus inferiores y siempre por encima de ellos, "los de siempre" (¿lo que algunos denominan la casta?), son los amos del cortijo: los que cortan el bacalao. 

"El futuro es un mero consuelo para cretinos, una esperanza de que la mierda que nos tragamos hoy habrá desaparecido mañana sin tener en cuenta que la mierda es, junto a la estupidez, el único recurso renovable e inagotable". Página 199.

     
     Aunque también se habla de corrupción (¡cómo no hacerlo, estando la historia ambientada en la Valencia actual!) tampoco es ese su tema principal (la gran novela sobre la corrupción ya la escribió Rafael Chirbes. Quien se atreva...). Este libro habla sobre el PODER. Poder económico, poder político, poder "institucional".

 "El poder también es la capacidad de elegir estar aburrido, sin esperar que pase nada, pues no hay nada que esperar más allá de la propia soledad". Página 321.

     
     Asumiendo aquella famosa afirmación de que "el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente", en las páginas de este libro encontraremos numerosos ejemplos de las comúnmente consideradas como las dos formas de poder absoluto por antonomasia: el que posee el autor ante su obra y el que ejerce el asesino ante su víctima. Porque las dos tramas que se van entrelazando en la novela (la del escritor avanzando en la escritura de su libro y la propia historia del libro que está siendo escrito) no son más que una sucesión de excesos cometidos por personajes (reales unos, ficticios otros) situados por encima del bien y del mal.

     Pero, aunque no lo parezca, todavía hay otro tipo de poder más importante y que Juanjo Braulio ha sabido exponer con una maestría fuera de lo habitual. Me refiero al que otorga el conocimiento, el saber, la información. Porque el máximo exponente del poder no es otro que el de la INFORMACIÓN: saber algo importante (de algo o de alguien) y decidir qué hacer con ello. Guardarlo para uno mismo y mirar para otro lado, utilizarlo en contra de alguien, difundirlo a todo el mundo... Distintas opciones que harán que la vida de muchas personas tome un rumbo u otro en función de lo que se decida hacer. Ese es el verdadero poder, más allá de utilizarlo o no. El hecho de SABER que se puede hacer cuando se quiera.

"Cuando tienes entre tus dedos la capacidad de dañar, de hacer sufrir a otro sin más límite para hacerlo que tu voluntad, es muy difícil resistirse". Página 354.

     
     Y hablando de personajes, ese es para mi otro de los puntos fuertes de este libro. El principal es un enfermo, un psicópata asesino, la auténtica personificación del MAL. Un tipo del que no sabemos ni siquiera su nombre (tan solo que firma como "Q") y del que no encontramos a lo largo de todo el libro ni una sola descripción de sus características físicas.

     Junto a él aparecen algunos secundarios fundamentales en la historia de los que sí se nos ofrecen tanto datos biográficos como descripciones físicas que nos ayudan, en mayor o menor medida, a empatizar con ellos y a comprender sus circunstancias. Cómo son y por qué son como son. Hablamos fundamentalmente de Falconetti y el brigada David Grau.

     Y finalmente un buen puñado de secundarios, algunos de los cuales no pasan de ser meros extras con apenas unas líneas en la historia, pero que configuran una buena colección de arquetipos de lo que se puede uno encontrar en cualquier calle y a casi cualquier hora: Manceñido, Basilio, Nacho. Ferran Carretero y Xavier Ros. Erik, Lorik y Leka. Miguel Sastre y sus hijos. Castaños, la Puri. El inspector Escobedo... y hasta un monje llegado de la Edad Media. Y el joven Juanjo, un camarero, estudiante de periodismo para más señas, personaje que tal vez podría ser un "cameo" del autor en su propia obra.

"A sus amigos siempre les dice que el periodismo es un buen camino que lleva a muchos sitios si se sabe dejar a tiempo". Página 19.

     
     Y por último la ambientación. El decorado en el que se desarrolla la acción. Porque otro de los personajes de la novela, quizás el más importante, el que está presente en todo momento convirtiéndose en un aspecto indispensable de la historia, es la propia ciudad de Valencia. La ciudad moderna y pretendidamente cosmopolita levantada sobre lo que durante siglos no fueron más que terrenos cenagosos. El pantano al que hace referencia el título, convertido primero en fértiles tierras de cultivo y soterrado después bajo capas de hormigón, avenidas y edificios singulares, pero que una y otra vez consigue salir a la superficie, filtrándose entre sus habitantes para reconquistar su territorio. Para pudrir personas y carácteres. Para corromper todo lo que encuentra a su paso.

     
     Se escribe de lo que se sabe o de lo que se conoce, y por eso Juanjo Braulio ha ambientado esta hisotria en su ciudad (Valencia), utilizando como decorados de la acción la playa de la Malvarrosa, el Cabanyal, la Ciudad de las Artes y las Ciencias o el barrio de Ayora, situando en ellos a una serie de personajes (periodistas, policías, políticos, escritores) a los que demuestra conocer a la perfección. Y para lo no tan conocido (tramas de blanqueo de capital, armas, drogas, etc) se nota la labor de investigación efectuada. Dejarse asesorar por los que saben para no cometer errores de bulto y conseguir montar una historia creible en la que no queda títere con cabeza.

     
     Mención especial merecen a mi juicio dos pequeños relatos (pequeños en cuanto a tamaño, pero magníficos ambos) incluidos en la historia y que pertenecen a la producción literaria anterior de Q. Uno es de una obra anterior; el otro un descarte que quedó olvidado en una carpeta ofimática, pero ambos merecerían formar parte por sí solos de una historia independiente.

     
     Dejaremos para otra ocasión otros aspectos interesantes del libro que también merecerían un comentario, como las referencias a algunos escritores valencianos, positivas en el caso de Rafael Chirbes (que el maestro leerá, esté donde esté) y algo peores en el caso de Torrent o Posteguillo (que no se citan expresamente pero que se entienden); un puyazo en toda regla al reconocido Murakami; los comentarios a cerca de los autores de blogs; a políticos más o menos reconocibles del entorno; al "otro periódico de la ciudad"; a los funcionarios (todo un clásico); a los currantes que discuten de futbol y solo se ponen de acuerdo en su opinión sobre los políticos; a los locos del runing... hasta una cita de una película de Clint Eastwood, la música de AC/DC o la de "la pedorra esa que ha escrito más libros de los que ha leído" y que, supuestamente, solo ha escrito uno. Todas ellas vertidas por los distintos personajes. No caigamos en el error de confundirlas con las opiniones del autor.

"Está convencido de que un escritor es, en realidad, todos sus personajes. Un creador de historias es un prisma de miles de caras y cada vez que una de sus criaturas dice algo, el que habla en realidad es el propio escribidor". Página 231.

     
     Quedarán para otra ocasión. Y seguramente no será para la continuación de la historia, porque el autor ha asegurado que no habrá segunda parte. Lo que sí habrá es película. Antes incluso de la aparición del libro ya se habían vendido los derechos audiovisuales para su realización, aunque Juanjo Braulio está al margen de este proyecto y ni siquiera interviene en la escritura del guión que, al parecer, ya está bastante avanzada.


     Quedarán para otra ocasión, porque la pretendidamente "breve" reseña, esta vez ha quedado un poco larga. Y es que cuando un libro gusta se disfruta tanto leyéndolo como hablando (o escribiendo) sobre él.


     Estupendo libro El silencio del pantano. Duro y directo; fundamentado y fundamental. De lo mejor que he leído en bastante tiempo. No os lo perdáis.

     Y grande Juanjo Braulio. Desde ya mismo uno de mis autores favoritos y del que espero próximamente poder disfrutar con sus nuevas historias. Queda tanto por contar y son tan pocos los que saben hacerlo tan bien...