viernes, 30 de diciembre de 2016

"A sangre fría"


Autor: Truman Capote

Título original: In Cold Blood
Primera edición: 1966

Diario El País, S.L. 2002
Traducción: Fernando Rodríguez


495 páginas.








BIOGRAFÍA

Truman Streckfus Persons, más conocido como Truman Capote (Nueva Orleans, 30 de septiembre de 1924 - Los Ángeles, 25 de agosto de 1984) fue periodista, escritor y guionista cinematográfico.

Entre sus obras más importantes destacan "Otras voces, otros ámbitos" (1948), "El arpa de hierba" (1951) y "Desayuno en Tiffany's" (1958), pero sería con "A sangre fría" con la que conseguiría definitivamente la fama internacional.



En la novela, publicada tras más de cinco años en los que el autor llevó a cabo una intensa labor de investigación, se cuenta el caso real del brutal asesinato de una familia norteamericana, y lo que es peor, sin motivos aparentes.



SINOPSIS


El 15 de noviembre de 1959, en un pueblecito de Kansas, los cuatro miembros de la familia Clutter fueron salvajemente asesinados en su casa. Los crímenes eran, aparentemente, inmotivados, y no se encontraron claves que permitieran identificar a los asesinos.
 
Los cuatro miembros de la familia Clutter asesinados.


Cinco años después, Dick Hickcock y Perry Smith fueron ahorcados como culpables de las muertes.

A partir de estos hechos y tras realizar largas y minuciosas investigaciones con los protagonistas reales de la historia, Truman Capote dio un vuelco a su carrera de narrador y escribió la novela que le consagró definitivamente como uno de los grandes de la literatura norteamericana del siglo XX.




COMENTARIO

Pedazo de libro el que comentamos hoy. La primera vez que lo leí debió ser a finales de los años 70 o principios de los 80, convertido en alguna de aquellas lecturas obligatorias con las que una incansable profesora de literatura intentaba hacer descubrir -con escaso éxito, tengo que decir- el gusto por la literatura a un puñado de adolescentes que no estaban demasiado por la labor.

 
Mi primer ejemplar




Años más tarde regresé a aquellas páginas con el interés por ver qué tal había envejecido el libro (o qué tal andaba envejeciendo yo, quién sabe), y lo cierto es que lo disfruté mucho más que la vez anterior.


En este 2016 que estamos a punto de despedir se cumplen 50 años de la publicación de este libro, uno de los que más me marcaron en mis inicios lectores. Sin duda fue una buena cosecha aquella del ya lejano 1966. ¡A ver quién se atreve a decir lo contrario!

Ese ha sido el motivo fundamental de volver a sus páginas, mi modesto homenaje a un gran escritor y, por qué no, a aquella menuda profesora de literatura de la que sin ser conscientes de ello, tanto y tanto aprendimos. (Estés donde estés, un beso, señorita Mª Carmen).


Del libro en sí poco se puede añadir a las montañas de comentarios, análisis e incluso alguna tesis doctoral que ha generado a lo largo de estos cincuenta años, y a los que seguirá inspirando por mucho tiempo en lectores y analistas más preparados que quien esto escribe. Una clase magistral de literatura y de periodismo. De cómo debe estudiar y prepararse un escritor para realizar su trabajo. Un trabajo excelente.


Si todavía hay alguien que no ha leído "A sangre fría" no se qué es lo que hace leyendo este blog en vez de ir en busca del libro.
Y para los miles (millones) de lectores que lo leyeron en su momento, qué mejor homenaje que volver a él, tantos años después, en su 50 cumpleaños. Y que sean muchos más.


¡FELIZ 2017 para las personas de bien!









jueves, 22 de diciembre de 2016

Mis lecturas de 2016


Pues ya estamos a final de año y como el pasado, voy a hacer un breve resumen de los libros que he leído y de lo que me han parecido.

A lo largo de este 2016 he publicado 15 reseñas, aunque los libros leídos en este periodo han sido unos cuantos más. Muchos autores -algunos de ellos por partida doble o triple-, diversidad de géneros y multitud de historias y de personajes con los que he disfrutado durante el año. 

Como no puede ser de otra manera, no siempre acierta uno al elegir el libro que leer. De ahí que entre mis lecturas de este año haya habido de todo: algunos me han encantado; otros han conseguido entretenerme, y unos cuantos... ni siquiera los he reseñado en el blog. Poquitos,  pero también los ha habido. Vamos por partes.


Entre los libros que más me han gustado en este 2016, y por orden cronológico de lectura, destacaría en primer lugar "El enredo de la bolsa y la vida", de Eduardo Mendoza. Entretenido, irónico, satírico... siempre es un placer leerlo. Mendoza en estado puro.

También destaco "El mal camino" de Mikel Santiago. Ya me gustó su anterior libro y este corrobora mi opinión de un gran escritor al que no hay que perder de vista.

En tercer lugar un libro con renombre. "Voces de Chernóbil" de la ganadora del Nobel Svetlana Alexievich. Un pedazo de la historia más reciente que conmueve y hace reflexionar a partes iguales. Demoledor, impresionante. Imprescindible.

A continuación el gustazo de leer a Víctor del Árbol. Me gustó mucho "La tristeza del samurái", y las buenas impresiones de este autor se confirmaron con el fantástico "Respirar por la herida". (todavía no reseñada en este blog). Dos libros impresionantes, totalmente recomendables, y que obligan a continuar leyendo todo lo que publique este autor. Tengo algún libro suyo pendiente, y los que vendrán.

Y para completar el año, uno de los libros que más me han gustado últimamente. Habéis acertado. Se trata de "El Jardín de Cartón" de Santiago Álvarez. Para mi todo un descubrimiento. Un libro en el que hay de todo: acción, aventuras, humor, misterio, crítica social, unos personajes maravillosos, música, cine y una ambientación digna de destacar. ¡Gracias Santi, por ser como eres y por escribir como lo haces!


Dicho lo cual también me gustaría destacar otros libros y autores por diferentes motivos. "La sangre de los libros" (siempre hay que leer a Santiago Posteguillo), "La noche de los peones" y "Ángeles de granito" del bueno de Esteban Navarro y, como no, la trilogía lluviosa, nebulosa y fantasiosa de misis Planet. Nada que añadir.




He de decir que además de lo anterior tengo pendientes cuatro reseñas de otros tantos libros: el ya mencionado "Respirar por la orilla", "La mujer loca" de Juanjo Millás, "Muertes de sobremesa" de David Jiménez el Tito y "A sangre fría", el gran clásico de Truman Capote. Próximamente en estas páginas.     



Hasta aquí el resumen de mi año literario. Como veis hay de todo: histórica, fantástica, alguna comedia, mucha -y buena- novela negra. Incluso algún que otro best-seller se ha colado por aquí.


En cuanto a próximas lecturas hay un buen montón de libros que, por diferentes razones, me apetece leer, y que creo que no tardaré mucho en hacerlo. Ahí va mi particular carta a los Reyes Magos: "Ángulo Muerto" de Jordi Juan, "Los muertos viajan deprisa" de Nieves Abarca y Vicente Garrido, "El dia de demà" de Teresa Broseta, "El jardín de la memoria" de Lea Velez , "Patria" de Fernando Aramburu" y "La España vacía" de Sergio del Molino. Y lo que está por llegar de Juanjo Braulio (¿en febrero?) y el anunciado tochazo de Murakami. ¡¡Ganas de leerlos!!


Hasta aquí el resumen del año y las previsiones para el inicio del 17. 
Aprovecho esta que posiblemente será mi última entrada de este año para desearos a todos, queridos lectores de este vuestro blog, unas muy felices fiestas navideñas. Y que el próximo año se cumplan todos y cada uno de vuestros mejores deseos.




BON NADAL! 

  ¡FELIZ Y LITERARIO 2017!


viernes, 9 de diciembre de 2016

"El Jardín de Cartón"


Autor: Santiago Álvarez


Editorial Almuzara, S.L.
1ª edición, octubre de 2016
403 páginas








BIOGRAFÍA

Santiago Álvarez (Murcia, 1973) es fundador y director de contenidos del festival Valencia Negra, que se realiza desde 2013.

Ha escrito, protagonizado y dirigido diferentes musicales y obras dramáticas, y ha grabado varios discos con distintas formaciones.

Colabora habitualmente en programas radiofónicos sobre historia de Valencia y ofrece charlas y conferencias sobre temas históricos y literarios.






Es el primer profesor en España del software para escritores Scrivener, del que realiza talleres presenciales.


Tras debutar con "La Ciudad de la Memoria" (Almuzara, 2015) presenta ahora su segunda novela "El Jardín de Cartón", en la que de nuevo su pareja de protagonistas se verá envuelta en un sinfín de peripecias investigando hechos del pasado y del presente, de la Valencia real y de la imaginada.




SINOPSIS


En marzo, Valencia arde. El fuego, la pasión y la fiesta se adueñan de la ciudad. Tras la primera mascletà, Mejías y Berta, son citados de forma misteriosa por Gaspar Aparisi, empresario que les propone una búsqueda descabellada: encontrar los restos del único whisky producido en tierras valencianas, hace ya doscientos años.

Mejías quiere rechazar el encargo, pero la recompensa es precisamente el dinero que necesita para saldar su deuda con Hacienda.

La investigación les conducirá al corazón de la fiesta fallera, reflejo de una sociedad que esconde más de lo que muestra. Las raíces del asunto se hunden en el fango del pasado, escenarios sepultados por la culpa, el dolor y el odio. Esta nueva aventura obligará a la carismática pareja a enfrentarse con lo peor de sí mismos.




COMENTARIO

     Segundo intento de comentar este libro. En el anterior no lo conseguí, porque lo que pretendía ser una breve introducción a este comentario se convirtió por sí mismo en un artículo de opinión (si se le puede llamar así. Perdón por la osadía). Se trataba de hablar a cerca de la posibilidad de ambientar novelas negras y/o policíacas en unas ciudades o en otras, y de la cerrazón de "algunas" en mantener los clichés y lugares comunes de este tipo de literatura, negando la idoneidad de ciudades como Valencia para ambientar sus historias.
      
     Pues para muestra un botón. Santiago Álvarez sitúa su novela en Valencia y, para rizar el rizo, hace que la acción se desarrolle durante los primeros días del mes de marzo. En plenas Fallas. Por si quedaba alguna duda... Tema zanjado.

     En este su segundo libro Santiago Álvarez nos regala una nueva aventura del detective Mejías y su fiel ayudante Berta. Dos seres tan distintos que tal vez por ello se complementan a la perfección. En esta extraña pareja los papeles intercambiados hacen que el adulto sea un tipo inconstante, irresponsable, amante de las causas perdidas y que solamente es fiel a sus ídolos, a su pesimismo y a sí mismo. "Yo solo creo en los payasos de la tele. Y en San Bogart y Santa Bacall, patrones del gremio de detectives" (Mejías, página 332). Alcohólico, pesimista y solitario. Poseedor de "un carácter excéntrico, amor por el pasado, y un físico que no resistiría ni medio asalto contra los matones de cualquier cuerpo de seguridad al uso o contra, básicamente, cualquier cuerpo"  (página 33). Que no quiere confiar en nadie porque sabe que terminarán decepcionándole y que se define a sí mismo al afirmar "Yo no creo en milagros, creo en los hechos. Y en el cine de Humprey Bogart, aunque no necesariamente por ese orden" (página 125). 

      Por el contrario Berta, pese a ser apenas una adolescente, es el contrapunto para que todo algo funcione. Mal pagada -cuando consigue cobrar y no ser ella la que corra con todos los gastos- y a menudo no demasiado bien tratada por su jefe, es quien intenta poner algo de orden y cordura en la vida del detective. "La muchacha se vió a sí misma como la hermana mayor de un detective adolescente" (página 202). Responsable, fiel y poseedora de una memoria eidética de la que Mejías se burla constantemente.


     Junto a ellos aparecen un buen número de personajes secundarios indispensables en el desarrollo de la historia: constructores, periodistas, banqueros (no necesariamente todos ellos delincuentes), frente a personas humildes que solo pretenden continuar con sus vidas y sus ocupaciones; la alta sociedad en contraposición con la gente llana. Cada cual representando el papel que le ha tocado en la tragicomedia de sus vidas, en ese juego de apariencias que muy bien resume, metafóricamente, el título del libro.



     Porque nos encontramos ante una novela de contrastes, en la que abundan los personajes humildes, personas corrientes que se ven enfrentados a las injusticias de los poderosos; en una acción que se desarrolla en la actualidad pero que hunde sus raíces en las historias familiares de generaciones pasadas; en modernos edificios construidos con herencias de dudosa procedencia; de fiestas privadas y de obreros que con sus manos pretenden vengar afrentas e injusticias; del fantasma de un licor perdido en el tiempo y el aroma de Laphroag que empapa todo el libro.


     Y en una mezcla de géneros en la que el autor nos va llevando desde minuciosas descripciones del esplendor de épocas pasadas a escenas de acción con rocambolescas persecuciones, algunas peleas y la necesaria dosis de sangre; de escenas cómicas y en ocasiones hilarantes a otras realmente duras que consiguen helarnos la sonrisa y estremecernos el corazón.


     En este punto me gustaría destacar la magistral utilización del tono humorístico por parte del autor. El humor está muy presente a lo largo de todo el libro, y no solo como el necesario contrapunto a escenas más sórdidas o emocionales, sino que constituye por méritos propios uno de los pilares sobre los que se edifica la historia.

     Las escenas (y los propios personajes) que se desarrollan en la casa de los Fuster -a semejanza de la famosa 13 rue del Percebe-, las continuas meteduras de pata de Mejías, alguna persecución policial entre cañas y barro, otras a pie y rodeados de ninots, o la grotesca y desternillante escena de la cremà de la falla infantil son estupendos ejemplos.



     Pero Santiago Álvarez también se nos muestra como un maestro de las descripciones, tanto de personajes como de lugares y sensaciones. En este punto destacan las de las mansiones y formas de vida reflejadas en la parte histórica del libro. Pero por encima de todas ellas cabe destacar la impresionante descripción de la primera mascletà fallera. Apenas dos páginas casi en el arranque del libro con las que Santiago consigue algo tan difícil como contar con palabras las sensaciones que se viven en esa situación. Algo que solo pueden saber, comprender y valorar quienes han asistido a infinidad de espectáculos pirotécnicos en el "trapecio histórico de la ciudad".



     Capítulo especial merecerían por sí solos los nombres de los diferentes personajes. La maestría que demuestra Santiago para describir personajes y situaciones llega a su máxima expresión al conseguir en muchos casos decir tanto de ellos con tan solo una palabra. Y es que el nombre o el apellido de cada personaje representa toda una declaración de intenciones. Sirvan como ejemplos el poderoso Augusto Lloret, Adan y Eva (Mayans y Fuster), la incombustible Julia Ferrer, Minerva, Juno, el muy periodístico Jordi Domenec y, por supuesto el padre Damián.

     O Fausto Fuster, un carpintero que trabaja desde una silla de ruedas, y sus hermanos Cándido, Plácido y Benigno "Un ciego que habla sin que nadie le escuche, un sordo que escribe historias que nadie leerá y un mudo que hace fotografías que nadie puede ver" (página 262). Ellos son Los Tercios. "Nos llaman así en el barrio. Juntos formamos casi una persona normal" como explica el propio Cándido (página 106).

     Hasta el gato medio abandonado de Mejías, al que apenas hace caso y que sobrevive gracias a los cuidados y atenciones de la siempre diligente Berta, tiene un nombre significativo: Zero.

     Y los nombres de las distintas comisiones que, pese a ser inventados, resultan muy reconocibles, así como alguna referencia a cierto Cuaderno Rojo (aunque ambas circunstancias resultarán menos evidentes, excepto para los entendidos en la materia).




     Personajes y escenarios que circulan a gran velocidad a lo largo de esta historia, que es una auténtica contra reloj. La acción se desarrolla en unos pocos días -los 19 días que duran las fallas-, que es a su vez el mismo plazo del que dispone Mejías para pagar una deuda que amenaza con terminar con su local, su negocio y su modo de vida. "No puedo pagar cuarenta mil euros a Hacienda, pero al menos no renunciaré a mi personaje" (Mejías, página 135), y que también es la misma fecha en la que se cumplirá un desahucio que es una de las claves de la historia. Todo sincronizado en una imparable cuenta atrás.




     Una historia que contiene varias historias. Un libro que soporta varios niveles de lectura. Unos personajes que pese a ser inventados están muy bien paridos por el autor.



     Santiago Álvarez domina muchos palos. Pese a no ser valenciano conoce perfectamente la ciudad en la que lleva años viviendo, sin duda mucho mejor que la mayoría de los que aquí hemos nacido y vivido. Se atreve a tratar temas hasta ahora poco usuales en la literatura y lo hace demostrando rigor, conocimiento y preparación. Y derrochando un sentido del humor que fluctúa desde la fina ironía a la más pura caricatura, en un tono que resulta siempre adecuado a la trama y respetuoso con el lector. (O quizá no tanto para algunos. Peor para ellos).


     Y además Santi canta bien y sabe tocar la guitarra, ¿qué más se le puede pedir? Pues que continúe escribiendo historias.
     Historias de Berta y Mejías, o de lo que le venga en gana. Eso que ganaremos los lectores.








miércoles, 23 de noviembre de 2016

Y yo sin saberlo


      El otro día leí una entrevista (en La Vanguardia, que siempre es conveniente citar las fuentes) a una conocida escritora, autora de éxito y reciente ganadora de un importantísimo premio editorial, en la que afirmaba que “Valencia no le encaja para ser escenario de una novela negra porque es amabilidad pura, un lugar que acoge muy bien y donde es difícil mostrar hostilidad, por lo que no concibe que se puede ambientar un thriller por estas tierras”. Fin de la cita.

     Así. Tal cual. Sin anestesia ni nada. Y se quedó más ancha que larga.

     ¿Qué? ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo, ignorantes lectores y/o escritores de este tipo de literatura? A mi muy mal.

      Y no tanto por constatar que, pese a lo que ha llovido por estas tierras durante demasiados años, el rancio y trasnochado concepto de “el Levante feliz” continúa plenamente vigente para mucha gente en este país. Y además entre personas “leídas” a las que se les supone un mínimo de preparación, y que algo deberían de conocer aunque solo fuera por los medios de comunicación o por las lecturas de las obras de algunos de sus compañeros.

     Lo que más me indigna de esas palabras es el desconocimiento mayúsculo que demuestran para con montañas de libros ambientados en estas tierras que llenan estanterías de librerías y bibliotecas con historias complejas y bien desarrolladas, y que por sí solos ya echarían por tierra tan peregrina afirmación.

      Y lo que es peor todavía en un/a profesional de las letras. Ese desconocimiento -esa ignorancia- se convierte indirectamente en desprecio para un buen número de escritores (unos con más éxito que otros) que poseen una calidad más que demostrada y que, para gozo y disfrute de sus lectores, escriben y/o ambientan sus historias en estas tierras tan desconocidas para algunos (como es su caso, señora escritora).


     Supongo que no le sonarán de nada los nombres de Luis Varela, Vicente Marco, Pablo Sebastiá, Xavier Aliaga, Juli Alandes… Usted se lo pierde.

      Tal vez haya oído hablar de Emili Piera, Carlos Aimeur, Bel Carrasco, Rafael Calatayud, Manuel Gimeno, Anna Moner… ¿Tampoco? Vaya.

      Pero tranquila, seguro que ahora sí. A alguno tiene que haber leído (aunque no le haya gustado). Espero. David Jiménez el Tito, Ramón Palomar, Juanjo Braulio, Santiago Álvarez, Vicente Garrido, Nieves Abarca.

      Bueno. No pasa nada. Vamos con el último intento. A ver si hay más suerte. Ferran Torrent, Rafael Chirbes, ¡Vicente Blasco Ibáñez! Ahora sí, verdad? ¿O tampoco?


     Y si no, tampoco pasa nada. Total estamos hablando de aficionados, de unos junta-letras, que no tienen ni idea de escribir y mucho menos de cómo y dónde ambientar sus historias. Valencia, ¡a quién se le ocurre!

      
     Deberían aprender de escritores de verdad como usted. Así sabrían que lo que se debe hacer es situar la acción en bosques sombríos, entre húmedos valles y brumosas montañas; en oscuras cuevas junto a ríos de agua cristalina; en antiguos caserones deshabitados atrapados por la espesa niebla circundante; en angostos callejones de irregulares adoquines bruñidos por la acción de la incesante lluvia… Que eso sí son decorados para un thriller como dios manda, para una novela negra como debe ser.

     Con sangre. Y “monstruitos”. ¡Y pastelitos! Y jóvenes inspectoras atormentadas por su pasado que se ven obligadas a volver a las tierras de su niñez para enfrentarse a sus propios demonios interiores y a las trabas que le irán poniendo sus anticuados compañeros varones.

      Y de paso resolver un asesinato. O varios.
      Con la ayuda de la magia. Y de su abuelita. Auuu.



miércoles, 2 de noviembre de 2016

"La noche de los peones"

Autor: Esteban Navarro


Novela policíaca.

Ediciones B, S.A.


1ª edición: octubre 2013
250 páginas.








BIOGRAFÍA

Nacido en Moratalla (Murcia) en 1965, Esteban Navarro Soriano es un escritor español conocido por sus novelas de género policíaco.

Colaborador en varios medios de comunicación, también imparte clases en la Escuela Canaria de Creación Literaria, ha sido el organizador de las diferentes ediciones del Concurso literario Policía y Cultura y colabora en la organización del Festival Aragón Negro.

A lo largo de su carrera como funcionario del Cuerpo Nacional de Policía desde 1994, este policía que escribe, o este escritor que es policía, ha ido pasando por diferentes destinos (Barcelona, Madrid, Gerona) hasta llegar a Huesca, donde reside en la actualidad.






"La noche de los peones" (2013), por la que el autor fue finalista del Premio Nadal, es la primera historia protagonizada por Diana Dávila, a la que seguirán "Los crímenes del abecedario" (2014), "La puerta vacía" (2015) y "El libro de Goethe" (2016).


Otras obras del autor: "El reactor de Bering" (2008), "Quimera" (2011), "El lodo mágico" (2011), "Los ojos del escritor" (2011), "La casa de enfrente" (2012), "Los fresones rojos" (2014), "Diez días de julio" (2015), "El buen padre" (2016) y "Ángeles de granito" (2016).





SINOPSIS


En el turno de noche de una comisaría de Huesca, Andrés se entera de la muerte de un antiguo amigo al que no ha visto en veinte años, pero que por algún motivo ha ido hasta su ciudad para decirle algo.

Con la ayuda de Diana, una joven policía en prácticas, el veterano policía emprenderá una investigación que lo obligará a viajar al pasado para averiguar qué los une después de tanto tiempo.

"Un cadáver en un hospital, una vieja foto, siete horas del turno de noche en una pequeña comisaría, dos policías y un apasionante viaje por la España de las últimas décadas". Manuel Marlasca, periodista, jefe de investigación de La Sexta Noticias.





COMENTARIO

He leído varios libros de Esteban Navarro (La casa de enfrente, Los fresones rojos...), pero todavía no conocía a Diana Dávila. Con "La noche de los peones" comienza la serie de libros que protagoniza esta joven policía, y también mi experiencia con ella.

Una comisaría oscense en el turno de noche es el escenario en el que transcurre (casi toda) la acción. O mejor dicho la trama, porque lo que se dice acción no hay demasiada en esta historia. Se trata de una novela policíaca, en efecto, pero no espere el lector encontrar en ella los típicos clichés que abundan en este tipo de historias. Ni persecuciones, ni disparos, ni grandes acciones policiales. Es esta una historia más reposada, más tranquila. Tal vez más real.

En ella dos policías totalmente distintos entre sí -uno veterano, hombre, con veintitantos años de servicio en el cuerpo, que está de vuelta de todo y que en su vida personal las ha visto de todos los colores; la otra mujer, joven, policía en prácticas y que todo lo quiere conocer y aprender- comparten una jornada laboral.

La noche transcurre despacio, entre las pocas tareas rutinarias que ocupan a los personajes y algún que otro aviso sin demasiada importancia, y el relato discurre como las horas en la madrugada, lentamente, en una fría noche del mes de octubre, hasta que un hecho rompe la nocturna monotonía: un antiguo amigo de Andrés ha fallecido en el hospital de Huesca, aunque nunca antes había estado en la ciudad. Nadie sabe por qué había ido hasta allí, y mucho menos para qué quería ponerse en contacto con él después de tantos años sin saber nada el uno del otro. Andrés, como policía pero sobre todo como amigo, necesita saber más de lo que ha ocurrido.

A lo largo de la noche Andrés irá recordando hechos y personas que permanecen agazapados en su memoria, compartiendo alguno de ellos con su joven compañera. A cambio, en una especie de juego que se establece entre los dos, ella responderá contándole a su vez algunas cosas de su pasado; las experiencias de un policía veterano a cambio de algunas intimidades de su joven compañera. Algunas.

Huye el autor de innecesarias florituras estéticas y de artificios literarios para adornar la historia. No los necesita. Esteban Navarro nos cuenta lo que nos quiere contar, y para ello utiliza un lenguaje sencillo, sobrio y en ocasiones bastante coloquial (como el que cualquiera de nosotros utilizaría en situaciones similares), que es el que requiere la historia.


Con ese lenguaje "sencillo" el autor va desgranando las horas de aquella noche, con los intentos de Andrés por averiguar la razón de todo lo sucedido y Diana relatándole algunos hechos de su adolescencia, pero silenciando la mayoría de ellos (porque hay cosas que no estamos dispuestos a contar a nadie, y mucho menos, a un reciente compañero de trabajo con el que se tienen tan pocas cosas en común). Y lo hace con la cadencia adecuada, con ese ritmo pausado similar a como pasan las horas por la noche, mientras los policías consumen un café tras otro (no se cuantos llegan a tomarse) esperando que con el amanecer lleguen los compañeros que les han de hacer el relevo.






Dos personajes sostienen prácticamente toda la acción, y lo hacen entre la intermitente conversación que mantienen y los abundantes monólogos interiores con los que nos van haciendo partícipes de algunos oscuros episodios de su pasado. El veterano policía explicándole a su joven compañera cómo eran las cosas en el Cuerpo unos años atrás, cuando él apenas acababa de ingresar; ella contándole a él la historia de una chica pobre, que vivía con su madre, y que desde muy joven tuvo que aprender a buscarse la vida con acciones no siempre aceptables desde el punto de vista legal y mucho menos desde el de la moralidad.

Aparecen otros personajes en el relato, es cierto, aunque lo hacen de manera poco más que testimonial. Secundarios sin demasiada incidencia en la historia, entre los que destacaría a uno... que además no es una persona, sino un ser inanimado. ¡Hay que ver cuanto juego da la máquina de café!


A estas alturas no haría falta decirlo, pero los dos personajes principales me han parecido lo mejor de libro. 

Andrés es un tipo transparente. Siempre dispuesto a ayudar, y pese a que la vida no le ha tratado demasiado bien él mismo se obliga a transitar por el buen camino, intentando en la medida de lo posible reparar lo que otros (o tal vez todos) disimularon y nunca quisieron asumir. 

Diana es la juventud, la fuerza, las ganas de conocerlo todo y de querer saber más para mejorar. Ambiciosa y dispuesta a colaborar, pero siempre guardándose cosas en su interior. Que no se arrepiente de su pasado, aunque tampoco puede estar orgullosa del mismo.

Personajes ambos de los que nos gustaría saber mucho más. Tememos que se termine el libro porque queremos continuar sabiendo qué es de sus vidas. Aunque, afortunadamente, podremos hacerlo si continuamos con la lectura de los siguientes libros de la serie.


Finalmente el círculo se cerrará de manera algo sorprendente, pese a que la clave para su resolución ha estado siempre delante de nuestras narices y nos sorprendamos tanto al descubrirlo como el propio policía al hacerlo. Porque como le dice Andrés en alguna ocasión a su joven compañera "las casualidades no existen" (Pág. 19). Aunque a menudo lo que está más escondido es lo que tenemos más a la vista.



"La noche de los peones" es, en definitiva, un relato no demasiado extenso, que se lee con mucha facilidad. Que nos hará reflexionar a nivel personal, además de replantearnos algunos hechos de la historia reciente de este país, dejándonos un regusto agridulce al terminar la lectura.

Una historia sencilla, en la que todo es real (o podría serlo), con un ritmo adecuado en su desarrollo y que concluye de manera impactante y sorpresiva. Disfrutad con la lectura. 

No cabe duda de que Navarro es un buen escritor. Y además me parece que Esteban es un gran tipo.



miércoles, 5 de octubre de 2016

Abecedario

  
A bocados consume días eternos. Fagocitando gestos, humillado injustamente, jambándose la mañana nebulosa. 

Ñoñerías obscenas para quien resulte seducido. 

Toda una vida. Xilófono y zambomba.



jueves, 1 de septiembre de 2016

"León el Africano"

Autor: Amin Maalouf

Título original: Leon l'Africain
  
Traducción de Mª Teresa Gallego Urrutia y Mª Isabel Reverte Cejudo
Alianza Editorial, S.A.
Edición formato digital: septiembre de 2012
512 páginas (aprox.)








BIOGRAFÍA

Amin Maalouf (Beirut, 1949) es un periodista y escritor libanés. Reside en París desde que en 1975 estalló la guerra en su país.

Escritor en lengua francesa, sus libros han sido traducidos a numerosos idiomas. En ellos mezcla la realidad histórica con la ficción uniendo y enfrentando en sus relatos aspectos de la cultura oriental y la occidental.

También ha publicado varios ensayos y algunos libretos operísticos con los que ha obtenido gran éxito tanto de crítica como de público.


Entre sus obras más destacadas figuran León el Africano (con la que debutó, en 1986), Samarcanda (1988) , La roca de Tanios (Premio Goncourt en 1993) y Orígenes (libro de memorias publicado en 2004).

En 2010 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y desde 2011 es miembro de la Academia Francesa (en el sillón que antes ocupó Claude Lévi-Strauss).




SINOPSIS


En una época de crisis en la que dos grandes imperios pugnan por la supremacía en el Mediterráneo, Hasan, nacido en Granada poco antes de 1492 y más conocido como León el Africano, emprende una extraordinaria peregrinación.


Guiado en todo momento por su pasión de vivir, León irá a parar a la misteriosa ciudad de Tombuctú, a los quince reinos negros situados entre el Niger y el Nilo, y a la deslumbrante Constantinopla.


Finalmente, sus conocimientos y experiencias, en los que se funden la cultura oriental y la occidental, el mundo cristiano y el del islam, serán puestos al servicio del papa León X y de Julio de Médicis, en la fascinante Roma del Renacimiento.





COMENTARIO

Hoy le toca el turno a una novela histórica: León el Africano.

En realidad sería más correcto decir que se trata de una ficción histórica porque pese a que el personaje existió en realidad -Hasan bin Muhammed al-Wazzan al-Fasi (Granada, 1488 - Túnez, 1554) fue un diplomático y explorador andaluz que pasó a la historia por su gran obra Descrittione dell'Africa, en la que, fruto de sus innumerables viajes, describe la geografía física, humana y social de todo el norte de África- , lo que hace Maalaouf es recrear, a modo de biografía, su vida tal y como "pudo" suceder. 



Posible retrato de León el Africano, de Sebastiano del Piombo




Comienza el libro cuando Hasan y su familia son obligados a abandonar su tierra. Nos encontramos en Granada, en 1492, y la familia emprende un viaje al exilio del que no saben ni cuál es su destino ni si será definitivo o no.

"Del mismo modo que en el pescado lo primero que se pudre es la cabeza, en las comunidades humanas la podredumbre se propaga de arriba abajo".


Pasando por Almería, la familia se embarca rumbo a Melilla, desde donde viajarán hasta Fez, ciudad en la que Hasan vivirá toda su juventud, junto a otros 6000 emigrados granadinos allí residentes.

Posteriormente acompaña a su tío en una caravana comercial que les llevará hasta Tombuctú. En el viaje de vuelta muere su tío y el joven Hasan, que todavía no ha cumplido los 18 años, se verá obligado a hacerse cargo de la expedición.

"No te deseo que tengas inteligencia, pues tendrás que ponerla al servicio de los poderosos; te deseo que tengas suerte, para que la gente inteligente esté a tu servicio". 


El Cairo, Alejandría, Níger, gran parte del curso del río Nilo y nuevamente Fez son algunos de los lugares que recorrerá a lo largo de su vida, viviendo infinidad de aventuras: en ocasiones con gran éxito; en otras llegando casi al desastre. Varias veces consigue grandes fortunas y otras tantas el destino le hace perderlas.

"Cuando se es rico, en oro o en sabiduría, hay que tener miramientos con la indigencia de los demás".


Visita La Meca y conoce los interiores del castillo de Sant Angelo en Roma, donde consigue entablar buenas relaciones con personajes fundamentales en su vida y en la historia: los papas León X y Adriano VI y el cardenal Julio de Médicis (posteriormente papa Clemente VII).


Un libro que mezcla historia y relaciones humanas. La geografía física y las relaciones tanto económicas como políticas de naciones enfrentadas y que pese a su extensión en ningún momento resulta pesado. A ello contribuye el ritmo de la narración -con capítulos cortos que equivalen más o menos a un año cada uno-, la diversidad de escenarios y la multitud de personajes que van apareciendo a lo largo del relato.


"¿A cual de tus hijos quieres más?" pregunta Hasan a una beduina. "Al enfermo hasta que cure; al pequeño hasta que crezca; al viajero hasta que vuelva", le contesta esta.




Pero a la vez y fundamentalmente nos encontramos ante un libro de aventuras en el que se cuenta la extraordinaria vida de un hombre que vivió en una época convulsa, que conoció multitud de países, razas, creencias y religiones, y que constituye un estupendo relato de aventuras y de superación personal. 

 
Historia, geografía, aventuras, relaciones humanas... se mezclan en este entretenido libro en el que Maalouf nos cuenta la fantástica vida de un hombre sabio, en el amplio sentido de ambas palabras.






* Reseñas pendientes:

La mujer loca, de Juan José Millás.

Respirar por la herida, de Victor del Árbol

La caricia de Tánatos, de María José Moreno


jueves, 25 de agosto de 2016

"Solaris"

Autor: Stanislaw Lem


  
Traducción de Joanna Orzechowska
Editorial IMPEDIMENTA
1ª edición digital: 6 de enero de 2013
296 páginas.








BIOGRAFÍA

Stanislaw Herman Lem (1921 - 2006) fue un escritor polaco cuya obra se caracterizó por su tono satírico y filosófico. Es considerado uno de los mayores exponentes del género de ciencia ficción, y uno de los pocos que lo ha conseguido siendo de habla no inglesa.

Sus libros exploran temas filosóficos que involucran especulaciones sobre nuevas tecnologías, la naturaleza de la inteligencia, las posibilidades de comunicación y comprensión entres seres racionales, las limitaciones del conocimiento humano y el lugar de la humanidad en el universo.





Entre sus obras más conocidas destacan Los astronautas (1951), Diarios de las estrellas, Solaris (1961), Fábulas de robots (1964), Ciberíada (1967), Fiasco (1986) y Paz en la Tierra (1987).




SINOPSIS


Kris Kelvin acaba de llegar a Solaris. Su misión es esclarecer los problemas de conducta de los tres tripulantes de la única estación de observación situada en el planeta.

Solaris es un lugar peculiar. Un planeta en el que no existe la tierra firme, y que está formado por un extenso océano dotado de vida propia. Y, presumiblemente, de inteligencia.

En ese desolado escenario Kelvin se encontrará con algunos personajes que no deberían estar allí. Tal es el caso de su mujer -quien se había suicidado años antes-, y que parece no recordar nada de lo sucedido.

Stanislaw Lem nos presenta una novela claustrofóbica, en la que hace un profundo estudio de la psicología humana y de las relaciones afectivas a través de un planeta que enfrenta a los habitantes de la estación a sus miedos más íntimos.





COMENTARIO

Stanislaw Lem está considerado como uno de los escritores más destacados en el género de la ciencia ficción (a la altura de Asimov y muy pocos más) y en concreto Solaris pasa por ser su obra más importante: la más conocida, la más reconocida a nivel internacional, millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y editada en un montón de idiomas. Pero para ser justos he de decir que a mi me ha decepcionado un poco.

Es cierto que está muy bien escrita -supongo que en parte debido también a la traducción realizada-, y que en ella el autor demuestra tener amplios conocimientos en cuanto a técnicas, instrumentos y materiales que, conviene recordar, no eran tan habituales en aquel momento. El libro se escribió en 1961, cuando el tema de los viajes espaciales estaban todavía en sus orígenes.

También es evidente en el libro el trasfondo filosófico/existencial. Las dudas del ser humano sobre qué hay más allá de lo que nos muestran nuestros sentidos; las posibilidades reales o remotas de contactar con otros seres; la incomunicación del ser humano, en cuanto a individuo con sus semejantes y como especie dentro del universo. Un libro denso, con mucha miga. Tal vez demasiada.

Tal es así que pese a los pocos personajes que aparecen en la historia (cuatro o cinco digamos reales y otros tantos...) en varias ocasiones se llegan a confundir unos con otros, haciendo la lectura un poco más complicada.

Contribuye también a ello el hecho de que a lo largo del relato se va entremezclando (en ocasiones de manera algo confusa) situaciones "reales" con otras que no lo son tanto; las actividades que llevan a cabo los astronautas en su misión espacial frente a sus propios sueños, cuando no con delirios de dudoso origen.


"El ser humano ha emprendido el viaje en busca de otros mundos, otras civilizaciones, sin haber conocido a fondo sus propios escondrijos, sus callejones sin salida, sus pozos o sus oscuras puertas atrancadas".  Posición 79%.




Ciencia ficción para los amantes del género. Yo esperaba mucho más de una novela que, tal vez por las altas expectativas que en ella tenía, no ha conseguido emocionarme. Aunque sí me ha resultado entretenida.



Por último y para los más cinéfilos (saludos, Sevillano) recordar que esta historia se ha adaptado en varias ocasiones al mundo del cine. En 1972, dirigida por Andrei Tarkovski, con bastante fidelidad con el original y calificada como película de culto, y la versión más conocida por el gran público, dirigida en 2002 por Steven Soderberg, centrada más en la historia romántica de los dos personajes protagonistas interpretados por George Clooney y Natascha McElhone.







* Reseñas pendientes:

La mujer loca, de Juan José Millás.
León el africano, de Amin Maalouf
Respirar por la herida, de Victor del Árbol

La caricia de Tánatos, de María José Moreno


viernes, 19 de agosto de 2016

"La tristeza del samurái"

Autor: Víctor del Árbol


Editorial ALREVÉS, S.L.  
DEBOLSILLO

1ª edición: abril 2014
415 páginas.








BIOGRAFÍA

La pasión por la literatura le llegó a Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) siendo muy joven, cuando pasaba las tardes en la biblioteca acumulando lecturas, desde que salía del colegio hasta que su madre lo recogía para ir a cenar.

Seminarista durante unos años, estudió Historia en la Universidad de Barcelona. Fue mosso d'escuadra de la Generalitat Catalana de 1992 a 2012 y participó durante dos años en programas radiofónicos. Tan variadas ocupaciones le llevaron a acumular amplios conocimientos en diversas materias con los que posteriormente pudo desarrollar sus complejas historias.





Con su primera novela publicada El peso de los muertos (2006) consiguió el Premio Tiflos. En 2008 resultó finalista del Premio Fernando Lara con El abismo de los sueños. Posteriormente publicó La tristeza del samurái (2011), Respirar por la herida (2013) y Un millón de gotas (2014), con las que también obtuvo multitud de galardones y el éxito a nivel internacional. Su última novela publicada es La víspera de casi todo, con la que conquistó el prestigioso Premio Nadal en 2016. 





SINOPSIS


Dos tramas se desarrollan de forma paralela: una en Extremadura en el año 1941 y la otra en Barcelona en 1981. En ellas un crimen cometido durante la posguerra española produce consecuencias en tres generaciones de la familia Alcalá y en aquellos que se han cruzado en sus vidas durante cuarenta años.

Complots, secuestros, asesinatos, torturas, violencia machista... son algunos de los ingredientes de esta novela

Con su imponente estilo descriptivo el autor nos narra los acontecimientos ocurridos y, poco a poco, va entrelazando los personajes de ambas tramas, entrando en la piscología de cada uno de ellos.

El resultado es una magnífica novela de intriga e investigación, de sentimientos y rencores, de amor y odio, de ambición y dolor, de hipocresía y sobre todo de culpa. Una lacra que se transmite de generación en generación, donde los hijos heredan los delitos de los padres y los nietos los de sus abuelos.



COMENTARIO

Este es el primer libro que leo de un autor, Víctor del Árbol, que tenía pendiente desde hacía tiempo. Con tanto elogio y tanta crítica positiva ya tenía ganas de sumergirme en sus historias, y he de decir que ha merecido mucho la pena.

En esta novela negra en la que la historia se desarrolla en dos planos temporales no sucesivos aunque si complementarios, lo primero que me llama la atención -y para bien- es el dominio absoluto del lenguaje que posee el autor. Una prosa cuidada, por momentos tremendamente descriptiva, pero sin llegar al punto barroco y recargado con el que a menudo los autores pretenden demostrarnos sus habilidades con el lenguaje. Ni la meticulosidad innecesaria en las descripciones de escenas violentas y sanguinarias, que también los hay.


Y es que estamos ante una novela negra (negra, negrísima) sin paliativos. Una historia de amores y de odios, de huidas y de culpas, de asesinatos y de venganzas que se extiende durante casi medio siglo -desde el final de la guerra civil hasta los albores de la democracia- en la que los personajes de la trama "más actual" son rehenes de los comportamientos llevados a cabo por sus antepasados, en ocasiones por sus propias acciones y en otras por sus vergonzantes omisiones.


Una historia en la que no hay buenos y malos, en la que (casi) todos los personajes llevan como pueden la carga que les ha tocado. 

"Puede ser que en los expedientes que descansan en tu mesa todo sea negro o blanco. Pero aquí, entre las personas, no vale ese maniqueo punto de vista: los hombres estamos pintados con grises. Como yo. Como tú." Página 207.


Todos salpicados por el odio y la culpa, por la ambición y el egoísmo, por el fanatismo o la necesidad de venganza, y avocados a un final tan sombrío como inevitable.


"El hombre cuando se ensaña no tiene límites, igual que cuando se enamora".  Página 117.

"Un hombre es el reflejo de las decisiones que toma y de la determinación con que las lleva a cabo".  Página 393.



Pese a ello, o tal vez en parte por eso mismo, absolutamente todos los personajes nos resultan creíbles dentro de una historia dura, compleja y muy bien desarrollada. Huye el autor de los arquetipos que tanto abundan en este tipo de novelas, y construye un universo coral de personas que podríamos ser cualquiera de nosotros, de darse las condiciones adecuadas, y que reaccionan como lo hacen llevados por motivaciones, nos gusten o no, totalmente comprensibles (aunque no justificables). Un buen puñado de personajes entre los que apenas hay distinción entre principales y secundarios. Todos son necesarios para contar lo que se quiere contar y ninguno aparece de relleno para alargar y complicar innecesariamente la trama.

Portada de otra edición

Pero la finalidad de un libro es, generalmente, contar una historia. Bien escrita, con los personajes adecuados y una buena ambientación, pero ha de haber una trama. Y en este caso la hay. Y compleja.

Se mueve el autor con soltura en ese ejercicio continuo de hacer pasar la acción de una época a la otra. Y lo hace con maestría. Explicando hechos del pasado que son el origen de las situaciones actuales y recuperando a personajes "desaparecidos" que en realidad no lo estaban. Pero sin confundir al lector en ningún momento y sin sacarse de la manga soluciones mágicas. Y eso también es de agradecer.


Las distintas tramas se van relacionando, consiguiendo así el autor, sin dar ni una sola puntada sin hilo, tejer una historia completa, compleja y redonda. Toda ella preñada, además, de frases memorables que merecerían más de una reflexión.   


"Trataría de hacerle entender la absurda realidad en la que los sentimientos no valen nada frente a las razones de otra índole. Que el poder, la venganza y el odio son más fuertes que cualquier otra cosa, y que los hombres son capaces de matar a quien aman y de besar a quien odian si ello es necesario para cumplir sus ambiciones". Página 161.



La tristeza del samurái: un fantástico libro de un fenomenal autor. ¿Qué más se puede decir? Pues que continuaré leyendo todo lo que pueda de Víctor del Árbol. Quien quiera disfrutar y aprender, que vaya tomando nota.





* Reseñas pendientes:

La mujer loca, de Juan José Millás.
León el africano, de Amin Maalouf
Solaris, de Stanislaw Lem.

Respirar por la herida, de Víctor del Árbol
La caricia de Tánatos, de María José Moreno



jueves, 21 de julio de 2016

Turquía


Continúa el incesante goteo de noticias a cerca de la situación en Turquía, cada una más sorprendente y preocupante que la anterior, tras el "fallido" golpe de estado de la semana pasada.

Tras el rápido desenlace y la no menos acelerada restitución de la normalidad, y tan solo unas horas después de producirse la asonada, comenzaron a llegarnos noticias de las primeras consecuencias para la población.

En apenas un par de días se produjeron más de siete mil quinientas detenciones (6.000 de las cuales correspondían a militares, en su mayoría de alta graduación), más de 8.000 policías fueron apartados de sus puestos, así como 3.000 miembros de la judicatura suspendidos de sus funciones (en su mayoría magistrados y fiscales, incluido alguno del Tribunal Supremo), al igual que cerca de 2.000 agentes del fisco. También se produjo el cese de una treintena de gobernadores provinciales. 

Todos ellos, supuestamente, acusados de estar detrás de la intentona golpista. Purgados con rapidez para preservar la democracia y el estado de derecho. Pero todo ello, obviamente, sin ningún tipo de juicio previo. Ni tan solo la instrucción de un expediente en el que se tuvieran las más mínimas garantías, la audiencia a los interesados y la indispensable defensa de sus derechos. Resulta cuanto menos curiosa la forma de entender esta defensa de la democracia.



Hasta el lunes eran unos 13.000 los empleados públicos afectados por los ceses, la mayoría de ellos pertenecientes a los ministerios de Justicia, Interior y Finanzas.

El martes continuó la purga: 40.000 funcionarios del ministerio de educación, casi en su totalidad profesores, directores de institutos, catedráticos y rectores de universidad; otros 1.000 de lo servicios secretos, 257 de la oficina del primer ministro y cerca de un millar entre los pertenecientes al ministerio de la familia y al de asuntos religiosos.

A la cifra anterior hay que añadir la revocación de otros 22.000 profesores que ejercían en instituciones privadas, que suponen el cierre inmediato, al menos temporalmente, de un buen número de centros educativos.

También se ha anunciado la suspensión de las vacaciones de verano para más de 3 millones de funcionarios, y la reincorporación inmediata a sus puestos de trabajo de aquellos que se encontraban disfrutándolas. Además, a los profesores y empleados de las distintas universidades se les ha prohibido viajar al extranjero y se ha exigido la vuelta a los que se encontraban fuera del país.



Pero si todo lo anterior no resultara ya de por sí digno de la mayor de las críticas y resultara reprobable para todo aquel que se considere mínimamente demócrata, ayer mismo se produjo una nueva vuelta de tuerca en esta preocupante situación. Y es que en la vorágine de medidas urgentes y celeridad desmedida en la que se haya instalado el gobierno turco, el Consejo de Ministros aprobó la declaración del Estado de Emergencia por un periodo (en principio) de tres meses para "controlar la situación y garantizar la estabilidad económica". En palabras del propio Erdogan lo que se pretende con estas medidas es "combatir la amenaza a la democracia".

Cabe recordar que dicha situación excepcional, regulada en el artículo 120 de la constitución turca (por cierto, redactada por la junta golpista de 1980), faculta al gobierno para imponer severas restricciones en cuanto a derechos y libertades de los ciudadanos, afectando a la libertad de movimiento, de reunión y de expresión. Permite imponer toques de queda, impedir el tráfico o el paso por determinados lugares, realizar registros sin previa autorización judicial, incluso despedir a los trabajadores sin tener en cuenta los convenios laborales. Prohibir o censurar publicaciones de prensa, radio y televisión (extensiva a cualquier tipo de actuación cultural), además de hacer necesaria la autorización previa para la importación de publicaciones y obras producidas fuera del territorio turco. 

 
"Nadie de fuera tiene derecho a criticar las decisiones que tomamos, antes que se miren ellos mismos" ha manifestado el presidente Erdogan defendiéndose de las cada vez más numerosas críticas internacionales, apuntando, aunque de forma velada, la posibilidad de que países extranjeros pudieran estar involucrados en el golpe. "Como comandante en jefe, limpiaremos junto a nuestros soldados todos los virus de las fuerzas armadas". Y a fe que lo están haciendo.



Sin querer hablar de autogolpe -aunque visto desde la distancia puede parecer que tiene toda la pinta de serlo- dentro del panorama internacional comienzan a alzarse voces alertando del cariz que está adoptando la situación en Turquía, exigiendo al gobierno que mantenga en todas sus actuaciones el máximo respeto a los derechos humanos y a los procedimientos legales para las investigaciones que se deban llevar a cabo. Esperemos que (por una vez y sin que sirva de precedente) las distintas instituciones y los políticos de relevancia internacional (¿?) estén a la altura de las circunstancias, ejerciendo la presión justa pero necesaria para ayudar al restablecimiento de todos y cada uno de los derechos y libertades de los que está siendo privada la ciudadanía de ese país.



Primero vinieron a por los jueces, pero yo no me preocupé porque no era juez.
Luego vinieron a por los militares y los policías, pero yo tampoco lo era.
Después a por profesores, políticos y sindicalistas, y yo continuaba tranquilo.
Después vinieron a por los kurdos, pero yo tampoco era kurdo.
Ahora vienen a por mi... y no queda nadie que me pueda ayudar.





viernes, 24 de junio de 2016

Y el domingo...


     Pues nada. Pasó lo que pasó con el referéndum británico. Es lo que tiene la democracia: que cuando se pide opinión a la gente esta opina. Y a menudo esa opinión es distinta o incluso contraria a lo que los bienpensantes políticos de turno esperan de ella.

     En ocasiones los ciudadanos ejercen su derecho al voto con la suficiente información al respecto de lo que se les está preguntando, pero en otras muchas ocasiones, por desgracia, no es así. Sencillamente decidimos nuestro voto llevados por la costumbre, por las caras conocidas o desconocidas, para que sigan los que están o para que se marchen de una vez; por lo que nos dice alguien o por lo que oímos por ahí. Pero parece que a casi nadie le interesa (y por eso no se preocupa de ello) que la información sea la suficiente como para que la ciudadanía vote por convicción, sabiendo lo que hace y sabiendo lo que van a hacer con su voto los políticos a los que se elija.

    Debe de ser cuestión de madurez política, tanto de los profesionales de la política como de los ciudadanos. Aunque a estas alturas unos y otros deberíamos ya tener la suficiente experiencia democrática como para que no ocurrieran estas cosas.


     Pero bueno. Ahora ya no hay tiempo para esas cuestiones. Es un tema de largo recorrido, que necesita tiempo, paciencia y preparación. Y tiempo justamente es lo que no tenemos, ya que en unas horas tenemos una cita con las urnas.

     
     Al contrario de lo que hace mucha gente, yo no voy a pedir suerte para el domingo. Si pediré una mínima reflexión antes de votar. Saber lo que hacemos y a quien le otorgamos nuestra confianza. Nada más. Ni nada menos.

     Y es que, como decía aquel: la suerte solo se le desea a los toreros y a los malos estudiantes. 

     Pues eso: salud y justicia, que es lo único que necesitamos.




Correspondencia


Ayer recibí un sobre.
Un sobre del PP.


Pero dentro no había "pasta".
Tan solo mentiras, falsas promesas, 
un pavo y algún que otro chorizo.

Ni para un bocata me da.





jueves, 23 de junio de 2016

Jornada electoral


   Ya han abierto los colegios electorales. Los ciudadanos comienzan a ejercer su derecho al voto, a decidir sobre su futuro. 

     En este caso no se trata de elecciones locales, ni se eligen los miembros del parlamento, ni tampoco al presidente del gobierno (primer ministro o presidente de la república en sus diversas denominaciones).

     Desde hace unas horas los ciudadanos británicos están decidiendo su futuro, y en buena medida el de todos nosotros, en un referendum organizado para decidir a cerca de su continuidad o no dentro de la Unión Europea. Permanencia -dicho sea de paso- muy a su manera, porque conocido es el curioso régimen de adhesión que poseen los británicos, al mantener su propia moneda, su particular política de atención sanitaria, de inmigración... y que hasta continúan ¡conduciendo por la izquierda!

     Decisión esta que, como deciamos antes, nos interesa a todos, ya que sea cual sea el resultado de la votación, como dijo ayer mismo el propio Cameron "la medida no tendrá vuelta atrás".  

       Tal vez muchos de nosotros tengamos una opinión formada sobre qué resultado sería el más favorable para nuestro país y/o para el conjunto de la Unión Europea, otros tendrán dudas al respecto y no sabrán muy bien si decantarse por una u otra opción y algunos (bastantes o tal vez muchos, me temo) ni siquiera sabrán de lo que estamos hablando. Pero pese a la importancia del asunto en cuestión y a que la decisión que finalmente se adopte nos beneficia/perjudica interesa a todos los europeos, tan solo los ciudadanos británicos son los llamados a las urnas. Los demás podemos opinar lo que nos plazca (con mayor o menor conocimiento de causa, que eso ya es otra historia), pero únicamente ellos decidirán sobre su futuro inmediato.

    Ciudadanos de tres naciones (Inglaterra, Gales y Escocia) decidiendo de manera soberana sobre su futuro. Lo aceptamos con normalidad, como algo que ocurre naturalmente. Y es que no puede ser de otra manera. ¡Si hasta tienen distintas selecciones deportivas cada uno de ellos! En cambio aquí muchos se rasgan las vestiduras cuando se pretende opinar sobre las distintas nacionalidades.


      Además y por si alguien no había caído todavía en el detalle, el referendum se celebra hoy, día 23, y jueves para más señas. Y sin ningún tipo de jornada de reflexión previa. Ayer mismo todavía se celebraban mítines en los que personalidades de diferentes ámbitos (políticos, artistas, intelectuales, deportistas...) manifestaban su opinión pública y abiertamente.


      Nosotros también tenemos una cita con las urnas esta semana. Pero aquí hacemos las cosas a nuestra manera, que para algo somos españoles. Será el próximo domingo, para no interferir en la jornada laboral; con jornada de reflexión, el sábado, en la que está terminantemente prohibida la propaganda electoral. Incluso se prohibe publicar los resultados de encuestas electorales los últimos seis días. No vaya a ser que algo de esto pueda influir en nuestro voto. Pero de eso y de algún que otro mamporrero "motorizado" ya hablaremos mañana.


       Una vez más queda patente la existencia de distintas formas de actuar (no entraremos a valorar si mejores o peores) ante una misma -o parecida- situación, y matices diferentes que configuran nuestros particulares sistemas democráticos. 

      Sabido es que no se ven igual las cosas en casa propia que en la del vecino. Pero por todo ello y también pese a todo ello, tanto si finalmente se produce el llamado "brexit" como si no, ¡cuánto tenemos que aprender de nuestros vecinos británicos!