jueves, 17 de agosto de 2017

Últimas lecturas y próximas reseñas


¿Qué tal? ¿Cómo va el agosto?

He pasado por el blog a echar un vistazo y... ¡hay que ver! La verdad es que lo tengo bastante desatendido, y hace ya un tiempo que no publico reseñas (lo sé, lo sé. Además alguno de vosotros me lo recuerda con cierta insistencia). Pero eso no significa que haya dejado de leer, ni mucho menos.

De hecho tengo que decir que la cosecha de mis últimas lecturas ha sido excelente. En casi todos los casos he acertado con los libros y solo en alguna ocasión la lectura me ha resultado decepcionante. Pero claro, no se puede acertar siempre.

Bueno. Pues ahí va la relación de los últimos libros que he leído, y de los que tengo el firme propósito de hacer las correspondientes reseñas (sí, no será hoy ni mañana pero, poco a poco, espero que vayan apareciendo todas en el blog).

Los relaciono por riguroso orden de lectura, aunque seguramente este no será el mismo por el que aparecerán las reseñas.


"Cuervo negro", de Anabel Botella.

"La verdad sobre el caso Harry Quebert", de Joël Dicker

"Las defensas", de Gabi Martínez

"Tres minutos de color", de Pere Cervantes

"La capital del mundo", de Gonzalo Garrido

"Memento Mori" (Versos, canciones y trocitos de carne), de César Pérez Gellida

"París-Austerlitz", de Rafael Chirbes

"El elefante desaparece", de Haruki Murakami

"Todo se aprovecha", de Pere Calders

"Dies irae" (Versos, canciones y trocitos de carne), de César Pérez Gellida

"Muertes de sobremesa", de David Jiménez "el Tito". Libro que leí el año pasado, que por circunstancias no llegué a reseñar y que ahora he vuelto a leer para poder hacer la reseña (y tenerlo más reciente ante la inminente publicación de la continuación de la historia).



¿Qué os parece? No está nada mal, verdad? Ha habido alguna que otra lectura más, pero no creo que las comente todas. Entre estas reseñas y las siguientes lecturas que tengo en espera (y alguna más que, como siempre, irá apareciendo) ya tengo deberes para rato.

¡Felices lecturas y feliz verano!


martes, 8 de agosto de 2017

Sugerencia


Señoras y señores escritoras/es, lectores y lectoras cero y cera, correctores/as de textos (¿queda alguno/a en la sala?), representantes, representantas y demás personal del mundo literario.

Desconozco si será casualidad o que últimamente han aumentado este tipo de descripciones, pero de un tiempo a esta parte me llama la atención que en muchos de los libros que leo la ambientación musical es una parte importante, cuando no fundamental, de la propia historia. 

En ocasiones no se trata tan solo de mencionar canciones concretas, sino que los autores se animan a transcribir partes o estrofas enteras de las mismas. La música que suena en un coche, la que escucha algún personaje mientras hace ejercicio o cuando se relaja en su casa después de un día de trabajo, referencias a series o películas, escenas que suceden en cines, bares... jalonan las historias de continuas referencias musicales.

Y es al hilo de esta circunstancia donde surge mi duda, para nada existencial sino mucho más prosaica. ¿Sería mucho pedir que cuando en alguno de sus libros aparece un tema musical en otro idioma -ya sea porque algún personaje lo menciona, lo canturrea o incluso suena de fondo en una escena determinada- y el/la autor/a aprovecha para reproducir algún fragmento, el estribillo o incluso la totalidad de la misma, pudiéramos los lectores disfrutar de su traducción?

Fundamentalmente sucede con temas en inglés aunque, en menor medida, también me ha pasado con canciones en francés (e incluso en alemán). Lo del conocimiento de varios idiomas está muy bien, pero creo que facilitar la lectura a los que desgraciadamente no pasamos del "nivel medio" en esos idiomas estaría mucho mejor.

Lo digo más que nada porque si la letra de una canción es apropiada o está relacionada con lo que está sucediendo en la historia (y entiendo que así debe ser en la mayoría de las ocasiones, y que por eso aparecen en el texto), no estaría nada mal que los lectores pudiéramos también disponer ahí mismo de su traducción, para una mejor comprensión y disfrute de la misma.

Que no cuesta nada poner una nota al pie de página con la traducción. O una llamada a un índice de notas al final del libro.

Gracias.




jueves, 25 de mayo de 2017

"Sin piedad"

Autor: Bernardo Carrión


Thriller.   
Editorial ALMUZARA, S.L.
1ª edición: febrero de 2017
395 páginas.





BIOGRAFÍA


Bernardo Carrión Rojo (Valencia, 1969) debutó como periodista en 1995 en el primer diario gratuito español, y trabajó seis años como redactor de informativos en Ràdio 9 en Alicante.

En la actualidad presta servicios de comunicación corporativa a diferentes entidades y  es editor de publicaciones periódicas y libros. Especialista en campañas de comunicación en el ámbito cultural y director de comunicación de Valencia Negra, el festival de género valenciano que acaba de celebrar su quinta edición.


Fotografía y datos biográficos extraídos de la web del autor: sinpiedad.org


Forma parte del grupo literario El Cuaderno Rojo, con el que ha publicado dos relatos en sendas antologías, en las que además ejerció como editor técnico. "Sinpiedad" es su primera novela.



SINOPSIS

En la España posterior al crack de Lehman Brothers y al estallido de la burbuja inmobiliaria, un grupo de políticos y banqueros corruptos traza un plan para enriquecerse mediante la adjudicación de proyectos públicos en Valencia. Desconocen la existencia de un misterioso ermitaño, fanático de la lectura, que desde una aldea gallega abandonada se sumergirá en el universo hacker.


Mientras las élites saquean las instituciones y afloran los casos de corrupción, los ciudadanos soportan paro de larga duración, sufren desahucios o ven recortados los servicios sanitarios.


Por este thriller político y social desfilan variados y memorables personajes: un alcalde sin escrúpulos, un antiguo empleado de Lehman Brothers, un militante con ganas de ascender, una interiorista en la cresta de la ola, un anciano mafioso siciliano, un ex-tirador de élite del ejército español, la empleada de una carnicería, los periodistas de un diario digital, o un grupo de perroflautas. Todos ellos se verán involucrados en las actividades de un grupo, liderado por el ermitaño, que opera desde el portal sinpiedad.org para ofrecer a los ciudadanos una venganza contra imputados en casos de corrupción.





COMENTARIO

     Bernardo Carrión debuta en el mundo literario con Sinpiedadpuntoorg. Un thriller trepidante en el que se aúnan intriga y acción, en una hábil combinación de relato de aventuras, trama policíaca, investigación periodística y una gran dosis de novela social, aderezada además con algunas pinceladas de humor para, de tanto en tanto, desengrasar la tensión.

     Es este todo una ficción situada en tiempo presente y construida tomando como punto de partida una sociedad sumida en una profunda crisis a la que se ha llegado, fundamentalmente, como consecuencia del comportamiento de una clase política corrupta más preocupada de su propio beneficio -del suyo y del de los suyos- que por el bienestar común.

     La corrupción de políticos, empresarios y de la propia sociedad en su conjunto es el desencadenante (y el hilo conductor) de toda la trama de la novela.

     La acción se sitúa en una sociedad, la nuestra actual, en la que la mayoría de sus miembros, pese a sufrir dramáticamente los efectos de una crisis económica brutal, están (estamos) como adormecidos, resignados a su suerte y sin apenas expectativas de que nada pueda cambiar.

     Cuando la situación va de mal en peor, y la justicia no es capaz de contener a tanto mangante metido a político, tan solo queda una opción: tomarse la justicia por su mano.

"La vida es como el póker, y nosotros llevábamos una mano de mierda. Pero ahora hay nuevas cartas en la mesa". Pochi, página 286.


     Pero, ¿es la venganza un sentimiento manipulable o se trata más bien de un instinto individual y primario? En todo caso, aunque no sea el único, tal vez se trate de uno de los elementos distintivos del género humano como tal y que nos adorna desde el propio nacimiento de lo que ostentosamente llamamos "civilización".

"Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser". Inspector Negrete, página 395.

     La originalidad de la idea que propone el autor reside en que esa venganza, el hecho de tomarse la justicia por la propia mano, viene de personas más o menos normales (no hay aquí ningún asesino en serie, ni psicópatas patológicos que reten a la policía mientras continúan sembrando el terror). Personas corrientes que reaccionan con la máxima violencia ante los supuestos causantes de la crisis.






     Pero lo hacen -y esta vuelta de tuerca me ha parecido lo más brillante de toda la trama- no por su propia iniciativa (ni por la necesidad de justicia, de que las cosas funcionen medianamente bien, de que la sociedad avance, de que las cosas sean como deben ser), sino forzados por las circunstancias y tentados por una recompensa, cómo no, económica.

"Si la propaganda es adecuada y el premio suficiente, las personas pueden llegar a cometer actos horribles". Euxenio, página 274.

    Interesante reflexión: quienes actúan como vengadores -independientemente de la calificación moral que nos merezcan- están haciendo lo mismo que los malvados corruptos con los que quieren terminar. Esto es, aprovecharse de una situación favorable para, dejando los escrúpulos y la moral en casa, obtener un importante beneficio económico.


     Con todo ello Bernardo Carrión construye un relato con dos partes claramente diferenciadas, que ocupan cada una de ellas aproximadamente la mitad del libro. en la primera, de manera más o menos pausada y detallada, se describe el mundo de la política interesada, con recalificaciones tramposas, adjudicaciones amañadas, y la vida de derroche y ostentación de algunos (mucho, demasiados) de los que se jactan de haberse metido en política para forrarse; en la segunda parte del libro -mucho más ágil y en la que predomina la acción-, es donde se organiza, desarrolla y culmina la "respuesta ciudadana".


     En cuanto al aspecto formal el libro está compuesto por una gran cantidad de capítulos (en mi opinión extremadamente) cortos, que van haciendo al lector saltar de unas subtramas a otras, con personajes que monopolizan un capítulo para no volver a aparecer en escena hasta centenares de páginas después, con lo que no es difícil perderse entre tantos nombres, personajes, lugares y situaciones. Y es que 104 capítulos en 395 páginas... parecen demasiados.

     Con ello se ha conseguido un libro de lectura rápida y sencilla, ideal para leer en el autobús o en el metro, pero creo que unos capítulos más extensos darían la posibilidad de desarrollar mejor tanto las tramas como los personajes, y no convertirían la acción en un continuo ir y venir (aunque fuera a costa de eliminar algunas partes de la historia ciertamente prescindibles).


    Pero el problema principal que le he encontrado a este libro es el de la verosimilitud de la historia en determinados momentos. O más bien la falta de la misma. Sabemos que no se trata de hechos reales pero, al menos a mi, si la trama o los personajes no me resultan creíbles no consigo engancharme a la historia. Y eso es lo que me ha ocurrido en esta ocasión.

     Porque cuando estamos leyendo una historia fantástica y/o ambientada en un lugar imaginario, automáticamente damos por hecho que todo vale. Si aparecen dragones alados, personas con superpoderes o lagos de la eterna juventud lo aceptamos sin más. Por el contrario, cuando la historia tiene un marco físico real, está ambientada en el presente y comienza relatando hechos aparentemente reales (que han sucedido o que perfectamente podrían haber sucedido) el lector da por hecho que lo que está leyendo entra dentro de lo verosímil. Y eso precisamente es lo que me ha fallado en este libro: demasiados elementos demasiado fantasiosos como para creerme la historia.

     No entraré a detallarlos para no destripar nada de la historia, aunque la propia editorial no ha tenido esa precaución y se ha encargado de hacer un spoiler en toda regla con la imagen elegida para la portada. Porque lo de marcar a los objetivos con pintura -una idea tan original como impactante- tan solo aparece un par de veces, y ambas muy al final del libro.


     Pese a todo, el debut de Bernardo Carrión me ha resultado interesante. Un libro entretenido -que no es poca cosa-, con un brillante punto de partida, aunque lamentablemente en su desarrollo posterior no ha terminado de cumplir con las expectativas que a mi me había generado. Pero esto no es más que una opinión personal (lógicamente, como el resto de la reseña). 

     Leed a Bernardo Carrión. Yo estaré atento a sus próximas historias porque me parece que ha llegado un nuevo escritor a tener en cuenta en este género que tanto nos gusta.



jueves, 27 de abril de 2017

Tertulia literaria


     Que cosa tan fantástica esta de los clubs de lectura.

     El otro día asistí a una tertulia literaria. Sí, ya sé que suena algo rimbombante, sobre todo para quien no haya asistido a ninguna, pero en realidad no lo es tanto. Se trataba de una reunión para hablar de libros, de literatura, y de la obra de un autor que me gusta y a quien tengo en gran estima (lógicamente, por eso asistí al evento). Pero desde el primer momento algo se percibía en el ambiente que no vaticinaba nada bueno.

     
     En primer lugar la puntualidad. Pasaban veinte minutos de la hora prevista cuando dio comienzo el acto. Y era fácil adivinar el por qué. Apenas una decena de personas componían (componíamos) la reunión, tres de los cuales asistíamos convocados directamente por el autor. Un exitazo, vamos. La mala fecha, la hora y hasta “el frío que hace” fueron las excusas que al parecer esgrimieron algunos supuestos miembros del club para no acudir a un acto programado, recordemos, por ellos mismos.


     Pero al fin comenzamos. La presentación corría a cargo de… pues no sabría decir de quien. Un señor que no se presentó a sí mismo, supongo que porque la mayoría de asistentes ya lo conocían, comienza a presentar (ahora sí) al autor del libro.

     Y aquí viene la segunda sorpresa de la tarde (¿o vamos ya por la tercera?) Porque entonces descubro que allí se iba a hablar de un libro. Pero no del último que el autor acaba de publicar, sino de uno anterior publicado en septiembre de ¡2015!

     Que si. Que vale. Que está bien. Pero no están demasiado actualizados estos señores lectores porque, como se supo después, ni siquiera conocían la existencia del más actual.



     Continuemos. Íbamos por la presentación del presentador no presentado. Por las palabras de tal señor cualquiera de los presentes que no conociera aunque fuera mínimamente al autor podría pensar que allí se estaba hablando de un debutante. De un recién llegado al mundo literario. De alguien que acaba de publicar su primera novela. Por la forma de hablar, por lo que decía y por cómo lo decía. En un tono tan coloquial, tan de compadreo, tan de “ánimo chaval. Te falta mucho pero vas por buen camino” que en ocasiones hacía sentir incomodidad a (al menos alguno de) los presentes.



     Terminada la breve introducción, que más lo pareció por desconocimiento de la vida y obra del autor que por ganas de comenzar el coloquio, tomó la palabra la que a partir de aquel momento sería la verdadera protagonista de la velada. Me refiero a una señora que sentada en primera fila -en realidad todos estábamos en la primera o en la segunda fila, no había más- comenzó a soltar su perorata. Primero hablando de “su” experiencia profesional con (que no en) el mundo del periodismo, y después repartiendo estopa a diestro y siniestro entre lo más granado del universo literario actual (aunque parezca difícil, en solo unos minutos fue capaz de menospreciar a autores como Mendoza, Juanjo Millás, Ferran Torrent, Santiago Posteguillo, Juan Marsé… Menos mal que cuando se habló, brevemente, de Chirbes y Blasco Ibáñez tuvo la gentileza de no hacer comentario alguno, porque ahí si que no me hubiera podido resistir). Y se quedó tan ancha la señora.



     Continuaban las disertaciones de la buena señora, encantada de haberse conocido, tan solo interrumpidas por algunas breves intervenciones que al autor invitado (invitado por ellos, recordemos) le dejaba hacer, y por un par de solicitudes de otro “tertuliano” para pedir la aclaración de algún “palabro” con los que la señora adornaba sus brillantes monólogos. Que se había perdido, decía el pobre. Él y todos los demás, pensaba yo.



     En los momentos en que el tono decaía y la buena señora nos regalaba unos instantes de tranquilidad literaria, dejando por un momento descansar a su propio ego, otro de sus colegas era requerido para intervenir por el supuesto presentador, a lo que contestaba que por el momento no tenía nada que decir. Tal vez más adelante. Y el resto de la concurrencia -tres personas ajenas al club lector- con cara de circunstancias. El autor que parecía no saber si empezar a rebatir, una por una, la sarta de tonterías que allí se estaban escuchando o dejar pasar el temporal hasta dar por finalizado el compromiso.



     Una. Tan solo una persona (siempre desde mi punto de vista, claro está) ponía de vez en cuando la nota de cordura en la reunión, con intervenciones bastante acertadas, comentarios normales que podríamos suscribir cualquiera de nosotros. Menos mal: no estaba todo perdido.

     Del resto mejor ni hablar. Porque cuando todo lo que se puede decir de un libro es que algunas partes son demasiado largas, cuando se discuten cifras que el autor utiliza y que son datos reales de organismos oficiales, públicos y privados, cuando se critica el nombre de un personaje por ser demasiado cinematográfico… en ese instante se hace más que evidente el nivel de quien realiza tales afirmaciones.


     Y así transcurrió la tarde. Entre las peroratas de una, algunos comentarios fuera de lugar de otro y el silencio de casi todos los demás. (Y no estoy seguro, pero diría que alguna cabezadita si dio el “tertuliano perdido”, el que antes pedía las aclaraciones).


     Sin duda lo mejor de la tarde fue la agradable conversación mantenida por cuatro personas ya de noche, de pie y en la calle, a las puertas de la librería. Solo por eso ya valió la pena.


     Pero que no me esperen más en tertulias literarias. Al menos en las de este estilo, con ese nivelazo y organizadas por el club de lectura de la librería de cuyo nombre no quiero acordarme.




Nota: pese a estar seguro de que ninguno de los protagonistas de la historia llegará nunca a leer estas líneas (bueno, en realidad espero que dos de ellos si lo hagan), se han obviado, conscientemente, los nombres tanto del autor -que no tiene ninguna culpa- como de la librería organizadora del acto. No merece la pena. De nada.