jueves, 17 de agosto de 2017

Últimas lecturas y próximas reseñas


¿Qué tal? ¿Cómo va el agosto?

He pasado por el blog a echar un vistazo y... ¡hay que ver! La verdad es que lo tengo bastante desatendido, y hace ya un tiempo que no publico reseñas (lo sé, lo sé. Además alguno de vosotros me lo recuerda con cierta insistencia). Pero eso no significa que haya dejado de leer, ni mucho menos.

De hecho tengo que decir que la cosecha de mis últimas lecturas ha sido excelente. En casi todos los casos he acertado con los libros y solo en alguna ocasión la lectura me ha resultado decepcionante. Pero claro, no se puede acertar siempre.

Bueno. Pues ahí va la relación de los últimos libros que he leído, y de los que tengo el firme propósito de hacer las correspondientes reseñas (sí, no será hoy ni mañana pero, poco a poco, espero que vayan apareciendo todas en el blog).

Los relaciono por riguroso orden de lectura, aunque seguramente este no será el mismo por el que aparecerán las reseñas.


"Cuervo negro", de Anabel Botella.

"La verdad sobre el caso Harry Quebert", de Joël Dicker

"Las defensas", de Gabi Martínez

"Tres minutos de color", de Pere Cervantes

"La capital del mundo", de Gonzalo Garrido

"Memento Mori" (Versos, canciones y trocitos de carne), de César Pérez Gellida

"París-Austerlitz", de Rafael Chirbes

"El elefante desaparece", de Haruki Murakami

"Todo se aprovecha", de Pere Calders

"Dies irae" (Versos, canciones y trocitos de carne), de César Pérez Gellida

"Muertes de sobremesa", de David Jiménez "el Tito". Libro que leí el año pasado, que por circunstancias no llegué a reseñar y que ahora he vuelto a leer para poder hacer la reseña (y tenerlo más reciente ante la inminente publicación de la continuación de la historia).



¿Qué os parece? No está nada mal, verdad? Ha habido alguna que otra lectura más, pero no creo que las comente todas. Entre estas reseñas y las siguientes lecturas que tengo en espera (y alguna más que, como siempre, irá apareciendo) ya tengo deberes para rato.

¡Felices lecturas y feliz verano!


martes, 8 de agosto de 2017

Sugerencia


Señoras y señores escritoras/es, lectores y lectoras cero y cera, correctores/as de textos (¿queda alguno/a en la sala?), representantes, representantas y demás personal del mundo literario.

Desconozco si será casualidad o que últimamente han aumentado este tipo de descripciones, pero de un tiempo a esta parte me llama la atención que en muchos de los libros que leo la ambientación musical es una parte importante, cuando no fundamental, de la propia historia. 

En ocasiones no se trata tan solo de mencionar canciones concretas, sino que los autores se animan a transcribir partes o estrofas enteras de las mismas. La música que suena en un coche, la que escucha algún personaje mientras hace ejercicio o cuando se relaja en su casa después de un día de trabajo, referencias a series o películas, escenas que suceden en cines, bares... jalonan las historias de continuas referencias musicales.

Y es al hilo de esta circunstancia donde surge mi duda, para nada existencial sino mucho más prosaica. ¿Sería mucho pedir que cuando en alguno de sus libros aparece un tema musical en otro idioma -ya sea porque algún personaje lo menciona, lo canturrea o incluso suena de fondo en una escena determinada- y el/la autor/a aprovecha para reproducir algún fragmento, el estribillo o incluso la totalidad de la misma, pudiéramos los lectores disfrutar de su traducción?

Fundamentalmente sucede con temas en inglés aunque, en menor medida, también me ha pasado con canciones en francés (e incluso en alemán). Lo del conocimiento de varios idiomas está muy bien, pero creo que facilitar la lectura a los que desgraciadamente no pasamos del "nivel medio" en esos idiomas estaría mucho mejor.

Lo digo más que nada porque si la letra de una canción es apropiada o está relacionada con lo que está sucediendo en la historia (y entiendo que así debe ser en la mayoría de las ocasiones, y que por eso aparecen en el texto), no estaría nada mal que los lectores pudiéramos también disponer ahí mismo de su traducción, para una mejor comprensión y disfrute de la misma.

Que no cuesta nada poner una nota al pie de página con la traducción. O una llamada a un índice de notas al final del libro.

Gracias.




jueves, 25 de mayo de 2017

"Sin piedad"

Autor: Bernardo Carrión


Thriller.   
Editorial ALMUZARA, S.L.
1ª edición: febrero de 2017
395 páginas.





BIOGRAFÍA


Bernardo Carrión Rojo (Valencia, 1969) debutó como periodista en 1995 en el primer diario gratuito español, y trabajó seis años como redactor de informativos en Ràdio 9 en Alicante.

En la actualidad presta servicios de comunicación corporativa a diferentes entidades y  es editor de publicaciones periódicas y libros. Especialista en campañas de comunicación en el ámbito cultural y director de comunicación de Valencia Negra, el festival de género valenciano que acaba de celebrar su quinta edición.


Fotografía y datos biográficos extraídos de la web del autor: sinpiedad.org


Forma parte del grupo literario El Cuaderno Rojo, con el que ha publicado dos relatos en sendas antologías, en las que además ejerció como editor técnico. "Sinpiedad" es su primera novela.



SINOPSIS

En la España posterior al crack de Lehman Brothers y al estallido de la burbuja inmobiliaria, un grupo de políticos y banqueros corruptos traza un plan para enriquecerse mediante la adjudicación de proyectos públicos en Valencia. Desconocen la existencia de un misterioso ermitaño, fanático de la lectura, que desde una aldea gallega abandonada se sumergirá en el universo hacker.


Mientras las élites saquean las instituciones y afloran los casos de corrupción, los ciudadanos soportan paro de larga duración, sufren desahucios o ven recortados los servicios sanitarios.


Por este thriller político y social desfilan variados y memorables personajes: un alcalde sin escrúpulos, un antiguo empleado de Lehman Brothers, un militante con ganas de ascender, una interiorista en la cresta de la ola, un anciano mafioso siciliano, un ex-tirador de élite del ejército español, la empleada de una carnicería, los periodistas de un diario digital, o un grupo de perroflautas. Todos ellos se verán involucrados en las actividades de un grupo, liderado por el ermitaño, que opera desde el portal sinpiedad.org para ofrecer a los ciudadanos una venganza contra imputados en casos de corrupción.





COMENTARIO

     Bernardo Carrión debuta en el mundo literario con Sinpiedadpuntoorg. Un thriller trepidante en el que se aúnan intriga y acción, en una hábil combinación de relato de aventuras, trama policíaca, investigación periodística y una gran dosis de novela social, aderezada además con algunas pinceladas de humor para, de tanto en tanto, desengrasar la tensión.

     Es este todo una ficción situada en tiempo presente y construida tomando como punto de partida una sociedad sumida en una profunda crisis a la que se ha llegado, fundamentalmente, como consecuencia del comportamiento de una clase política corrupta más preocupada de su propio beneficio -del suyo y del de los suyos- que por el bienestar común.

     La corrupción de políticos, empresarios y de la propia sociedad en su conjunto es el desencadenante (y el hilo conductor) de toda la trama de la novela.

     La acción se sitúa en una sociedad, la nuestra actual, en la que la mayoría de sus miembros, pese a sufrir dramáticamente los efectos de una crisis económica brutal, están (estamos) como adormecidos, resignados a su suerte y sin apenas expectativas de que nada pueda cambiar.

     Cuando la situación va de mal en peor, y la justicia no es capaz de contener a tanto mangante metido a político, tan solo queda una opción: tomarse la justicia por su mano.

"La vida es como el póker, y nosotros llevábamos una mano de mierda. Pero ahora hay nuevas cartas en la mesa". Pochi, página 286.


     Pero, ¿es la venganza un sentimiento manipulable o se trata más bien de un instinto individual y primario? En todo caso, aunque no sea el único, tal vez se trate de uno de los elementos distintivos del género humano como tal y que nos adorna desde el propio nacimiento de lo que ostentosamente llamamos "civilización".

"Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser". Inspector Negrete, página 395.

     La originalidad de la idea que propone el autor reside en que esa venganza, el hecho de tomarse la justicia por la propia mano, viene de personas más o menos normales (no hay aquí ningún asesino en serie, ni psicópatas patológicos que reten a la policía mientras continúan sembrando el terror). Personas corrientes que reaccionan con la máxima violencia ante los supuestos causantes de la crisis.






     Pero lo hacen -y esta vuelta de tuerca me ha parecido lo más brillante de toda la trama- no por su propia iniciativa (ni por la necesidad de justicia, de que las cosas funcionen medianamente bien, de que la sociedad avance, de que las cosas sean como deben ser), sino forzados por las circunstancias y tentados por una recompensa, cómo no, económica.

"Si la propaganda es adecuada y el premio suficiente, las personas pueden llegar a cometer actos horribles". Euxenio, página 274.

    Interesante reflexión: quienes actúan como vengadores -independientemente de la calificación moral que nos merezcan- están haciendo lo mismo que los malvados corruptos con los que quieren terminar. Esto es, aprovecharse de una situación favorable para, dejando los escrúpulos y la moral en casa, obtener un importante beneficio económico.


     Con todo ello Bernardo Carrión construye un relato con dos partes claramente diferenciadas, que ocupan cada una de ellas aproximadamente la mitad del libro. en la primera, de manera más o menos pausada y detallada, se describe el mundo de la política interesada, con recalificaciones tramposas, adjudicaciones amañadas, y la vida de derroche y ostentación de algunos (mucho, demasiados) de los que se jactan de haberse metido en política para forrarse; en la segunda parte del libro -mucho más ágil y en la que predomina la acción-, es donde se organiza, desarrolla y culmina la "respuesta ciudadana".


     En cuanto al aspecto formal el libro está compuesto por una gran cantidad de capítulos (en mi opinión extremadamente) cortos, que van haciendo al lector saltar de unas subtramas a otras, con personajes que monopolizan un capítulo para no volver a aparecer en escena hasta centenares de páginas después, con lo que no es difícil perderse entre tantos nombres, personajes, lugares y situaciones. Y es que 104 capítulos en 395 páginas... parecen demasiados.

     Con ello se ha conseguido un libro de lectura rápida y sencilla, ideal para leer en el autobús o en el metro, pero creo que unos capítulos más extensos darían la posibilidad de desarrollar mejor tanto las tramas como los personajes, y no convertirían la acción en un continuo ir y venir (aunque fuera a costa de eliminar algunas partes de la historia ciertamente prescindibles).


    Pero el problema principal que le he encontrado a este libro es el de la verosimilitud de la historia en determinados momentos. O más bien la falta de la misma. Sabemos que no se trata de hechos reales pero, al menos a mi, si la trama o los personajes no me resultan creíbles no consigo engancharme a la historia. Y eso es lo que me ha ocurrido en esta ocasión.

     Porque cuando estamos leyendo una historia fantástica y/o ambientada en un lugar imaginario, automáticamente damos por hecho que todo vale. Si aparecen dragones alados, personas con superpoderes o lagos de la eterna juventud lo aceptamos sin más. Por el contrario, cuando la historia tiene un marco físico real, está ambientada en el presente y comienza relatando hechos aparentemente reales (que han sucedido o que perfectamente podrían haber sucedido) el lector da por hecho que lo que está leyendo entra dentro de lo verosímil. Y eso precisamente es lo que me ha fallado en este libro: demasiados elementos demasiado fantasiosos como para creerme la historia.

     No entraré a detallarlos para no destripar nada de la historia, aunque la propia editorial no ha tenido esa precaución y se ha encargado de hacer un spoiler en toda regla con la imagen elegida para la portada. Porque lo de marcar a los objetivos con pintura -una idea tan original como impactante- tan solo aparece un par de veces, y ambas muy al final del libro.


     Pese a todo, el debut de Bernardo Carrión me ha resultado interesante. Un libro entretenido -que no es poca cosa-, con un brillante punto de partida, aunque lamentablemente en su desarrollo posterior no ha terminado de cumplir con las expectativas que a mi me había generado. Pero esto no es más que una opinión personal (lógicamente, como el resto de la reseña). 

     Leed a Bernardo Carrión. Yo estaré atento a sus próximas historias porque me parece que ha llegado un nuevo escritor a tener en cuenta en este género que tanto nos gusta.



jueves, 27 de abril de 2017

Tertulia literaria


     Que cosa tan fantástica esta de los clubs de lectura.

     El otro día asistí a una tertulia literaria. Sí, ya sé que suena algo rimbombante, sobre todo para quien no haya asistido a ninguna, pero en realidad no lo es tanto. Se trataba de una reunión para hablar de libros, de literatura, y de la obra de un autor que me gusta y a quien tengo en gran estima (lógicamente, por eso asistí al evento). Pero desde el primer momento algo se percibía en el ambiente que no vaticinaba nada bueno.

     
     En primer lugar la puntualidad. Pasaban veinte minutos de la hora prevista cuando dio comienzo el acto. Y era fácil adivinar el por qué. Apenas una decena de personas componían (componíamos) la reunión, tres de los cuales asistíamos convocados directamente por el autor. Un exitazo, vamos. La mala fecha, la hora y hasta “el frío que hace” fueron las excusas que al parecer esgrimieron algunos supuestos miembros del club para no acudir a un acto programado, recordemos, por ellos mismos.


     Pero al fin comenzamos. La presentación corría a cargo de… pues no sabría decir de quien. Un señor que no se presentó a sí mismo, supongo que porque la mayoría de asistentes ya lo conocían, comienza a presentar (ahora sí) al autor del libro.

     Y aquí viene la segunda sorpresa de la tarde (¿o vamos ya por la tercera?) Porque entonces descubro que allí se iba a hablar de un libro. Pero no del último que el autor acaba de publicar, sino de uno anterior publicado en septiembre de ¡2015!

     Que si. Que vale. Que está bien. Pero no están demasiado actualizados estos señores lectores porque, como se supo después, ni siquiera conocían la existencia del más actual.



     Continuemos. Íbamos por la presentación del presentador no presentado. Por las palabras de tal señor cualquiera de los presentes que no conociera aunque fuera mínimamente al autor podría pensar que allí se estaba hablando de un debutante. De un recién llegado al mundo literario. De alguien que acaba de publicar su primera novela. Por la forma de hablar, por lo que decía y por cómo lo decía. En un tono tan coloquial, tan de compadreo, tan de “ánimo chaval. Te falta mucho pero vas por buen camino” que en ocasiones hacía sentir incomodidad a (al menos alguno de) los presentes.



     Terminada la breve introducción, que más lo pareció por desconocimiento de la vida y obra del autor que por ganas de comenzar el coloquio, tomó la palabra la que a partir de aquel momento sería la verdadera protagonista de la velada. Me refiero a una señora que sentada en primera fila -en realidad todos estábamos en la primera o en la segunda fila, no había más- comenzó a soltar su perorata. Primero hablando de “su” experiencia profesional con (que no en) el mundo del periodismo, y después repartiendo estopa a diestro y siniestro entre lo más granado del universo literario actual (aunque parezca difícil, en solo unos minutos fue capaz de menospreciar a autores como Mendoza, Juanjo Millás, Ferran Torrent, Santiago Posteguillo, Juan Marsé… Menos mal que cuando se habló, brevemente, de Chirbes y Blasco Ibáñez tuvo la gentileza de no hacer comentario alguno, porque ahí si que no me hubiera podido resistir). Y se quedó tan ancha la señora.



     Continuaban las disertaciones de la buena señora, encantada de haberse conocido, tan solo interrumpidas por algunas breves intervenciones que al autor invitado (invitado por ellos, recordemos) le dejaba hacer, y por un par de solicitudes de otro “tertuliano” para pedir la aclaración de algún “palabro” con los que la señora adornaba sus brillantes monólogos. Que se había perdido, decía el pobre. Él y todos los demás, pensaba yo.



     En los momentos en que el tono decaía y la buena señora nos regalaba unos instantes de tranquilidad literaria, dejando por un momento descansar a su propio ego, otro de sus colegas era requerido para intervenir por el supuesto presentador, a lo que contestaba que por el momento no tenía nada que decir. Tal vez más adelante. Y el resto de la concurrencia -tres personas ajenas al club lector- con cara de circunstancias. El autor que parecía no saber si empezar a rebatir, una por una, la sarta de tonterías que allí se estaban escuchando o dejar pasar el temporal hasta dar por finalizado el compromiso.



     Una. Tan solo una persona (siempre desde mi punto de vista, claro está) ponía de vez en cuando la nota de cordura en la reunión, con intervenciones bastante acertadas, comentarios normales que podríamos suscribir cualquiera de nosotros. Menos mal: no estaba todo perdido.

     Del resto mejor ni hablar. Porque cuando todo lo que se puede decir de un libro es que algunas partes son demasiado largas, cuando se discuten cifras que el autor utiliza y que son datos reales de organismos oficiales, públicos y privados, cuando se critica el nombre de un personaje por ser demasiado cinematográfico… en ese instante se hace más que evidente el nivel de quien realiza tales afirmaciones.


     Y así transcurrió la tarde. Entre las peroratas de una, algunos comentarios fuera de lugar de otro y el silencio de casi todos los demás. (Y no estoy seguro, pero diría que alguna cabezadita si dio el “tertuliano perdido”, el que antes pedía las aclaraciones).


     Sin duda lo mejor de la tarde fue la agradable conversación mantenida por cuatro personas ya de noche, de pie y en la calle, a las puertas de la librería. Solo por eso ya valió la pena.


     Pero que no me esperen más en tertulias literarias. Al menos en las de este estilo, con ese nivelazo y organizadas por el club de lectura de la librería de cuyo nombre no quiero acordarme.




Nota: pese a estar seguro de que ninguno de los protagonistas de la historia llegará nunca a leer estas líneas (bueno, en realidad espero que dos de ellos si lo hagan), se han obviado, conscientemente, los nombres tanto del autor -que no tiene ninguna culpa- como de la librería organizadora del acto. No merece la pena. De nada.


miércoles, 29 de marzo de 2017

"Sucios y malvados"

Autor: Juanjo Braulio



Novela negra   
Ediciones B
1ª edición, febrero de 2017
640 páginas.











BIOGRAFÍA


Juanjo Braulio (Valencia, 1972) se graduó en Enseñanzas Artísticas por la Sankt Eskils Skola de Eskilstuna (Suecia) pero, "como lo que más me gusta hacer es leer y por leer no pagan, me hice periodista", y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad Politécnica de Valencia.

Comenzó su carrera como periodista en la delegación valenciana de Diario 16. Posteriormente fue redactor de distintas secciones del diario Las Provincias, en el que llegó a ser Jefe de Opinión. Después fue Jefe de Informativos de la desaparecida Ràdio Nou, y colaborador del Suplemento Semanal XL, de la agencia Colpisa y del diario ABC.




Debutó en el mundo literario en 2004 con una recopilación de sus columnas de opinión bajo el título "La escalera de Jacob". En 2014 publicó un libro de viajes sobre Suecia titulado "En Ítaca hace frío". Ya en 2015, después de tantos años contando verdades que parecían mentira, decidió probar suerte en el intento de contar mentiras para decir verdades, y lo hizo con la publicación de "El silencio del pantano", su primera novela.

En febrero de 2017 ha aparecido su último libro hasta el momento "Sucios y malvados", también en Ediciones B.

(Datos biográficos y fotografía extraídos de la web del autor: juanjobraulio.com).



SINOPSIS


     Tras deslumbrar con su primera novela, calificada de "obra maestra" por la crítica y cuya adaptación al cine ya está en marcha, Juanjo Braulio regresa a las librerías con este monumental thriller literario que combina una trama policíaca impecable con una gran reflexión sobre la justicia, el sexo, el poder y la violencia contra las mujeres.

     Un grupo de prostitutas que acuden a rezar a la Virgen de las Rameras en un edificio abandonado; un músico que jamás ha logrado superar el secuestro que sufrió cuando era niño; una abogado sin escrúpulos; un notario con oscuros gustos sexuales; un contenedor de transporte marítimo con un siniestro contenido; un hombre que aparece ahorcado en el lugar exacto donde estuvo hace siglos la entrada al barrio de los burdeles...

     Braulio presenta un juego diabólico formado por distintas tramas que la inspectora Roma Besalduch luchará por conectar, buceando en las profundidades y los secretos de una Valencia entre cuyas negras sombras se ocultan sus habitantes más sucios y malvados.  



COMENTARIO

  
      Brutal. Demoledor. Apabullante. Magnífico. Todo esto y mucho más es este “Sucios y malvados”. Como un puñetazo en la boca del estómago del lector, que por momentos corta la respiración -tanto por lo que cuenta como por la forma de contarlo-, y en otros permite una mínima relajación a la espera del siguiente golpe que no tardará en llegar.


      Desde un primer momento se muestra la historia con toda su crudeza. Porque tal y como aseguran los manuales de técnicas de escritura, -además de la más pura lógica-, el primer objetivo que ha de cumplir una historia para resultar atractiva al lector es atraparle desde el primer momento con un inicio impactante que le anime a continuar con la lectura. Y en esta ocasión Juanjo Braulio lo ha conseguido, una vez más.


     Ya en su anterior libro “El silencio del pantano” nos sorprendía con un arranque en el que un macabro hallazgo era el desencadenante de la acción. En aquella ocasión era la aparición de un saco flotando en el río Turia en el que se encontraban mezclados restos humanos junto a otros de varias especies animales distintas. Ahora la inmensa alegría de un grupo de trabajadores agraciados con el primer premio de la lotería de Navidad se convierte en horror cuando uno de ellos decide, de manera aplastante, acabar con todo y quitarse la vida. 





      Comienza así este libro, en un tono brutal y desgarrador. Y así se mantendrá a lo largo de las más de seiscientas páginas en las que acompañaremos al autor en un descenso a lo más bajo, a lo más profundo, a los infiernos personales y colectivos de una sociedad enferma cuyos síntomas, por ignorados no dejan de ser más reales y cercanos. Es muy cómodo mirar para otro lado y hacer como que no vemos, como que no nos incumbe. Pero la realidad está ahí mismo: en nuestra propia ciudad; tal vez a una calles de distancia; o agazapada tras la puerta de al lado de nuestro apacible hogar.


      En ese descenso a los infiernos que nos propone el autor iremos conociendo y viviendo cómo la violencia, la imparcialidad y la injusticia se enseñorean de un mundo regido por el dinero, la depravación, los abusos y los crímenes más bajos y execrables.


      Y lo haremos acompañados por un buen número de variopintos personajes que irán completando la historia. Víctimas unos y verdugos los otros, pero todos ellos implacablemente marcados por la violencia. Jóvenes africanas o de la Europa del Este traídas al primer mundo con engaños y obligadas a prostituirse como único medio de pago para saldar las imposibles deudas contraídas; mujeres víctimas de todo tipo de violencia por parte de quien se suponía que era quien más las quería; aparentes ajustes de cuentas entre bandas rivales por el control de algún negocio ilícito; ejemplares padres de familia que satisfacen sus más bajos instintos a cambio de unos pocos euros, forzando a niñas que todavía no han llegado a la pubertad, o teniendo sexo rápido con alguna ingenua “secretaria para todo”. Y profesionales del crimen y de la violencia, que se dedican a ello como forma de ganarse la vida y/o para costearse sus propios vicios.

"Cuando la existencia es tan indigna y miserable, la mentira, la traición y el beneficiarse de los golpes de suerte tal y como vengan sin que les importe qué daños puedan causar a los demás, son solo herramientas que pueden y deben usarse si las circunstancias lo aconsejan".  Página 457.


      Entre medio de todos ellos, cabalgando sobre la delgada línea que a menudo separa el bien del mal, nos toparemos con la ley y la justicia. Un grupo de policías, encabezados por la inspectora Roma Besalduch, intentando recomponer el rompecabezas que tienen ante sus ojos. Una jueza y unos forenses que parecen más preocupados por dar celeridad a sus actuaciones que por llegar hasta el final de las mismas. En ocasiones por falta de personal, otras por escasez de medios o quien sabe si por alguna otra razón. Y un grupo de mujeres que, en silencio, se rebelan ante esta situación y deciden tomar partido por las víctimas y llegar, con sus propios y abundantes recursos, a donde la justicia en ocasiones no puede o no debe llegar.

"Una cree que, a mis años y con mi experiencia, ya lo ha visto todo. Pero la maldad y la estupidez humana parece no tener límites". Página 196.


      Por otro lado, la relajación y el tono más distendido -en los breves instantes que el autor nos concede para que recuperemos la respiración antes de volver a golpearnos con la más dura realidad- viene de la mano de dos personajes secundarios muy bien conseguidos: Charo y Manuela. Dos vecinas; dos amigas. Dos mujeres normales y corrientes que hablan de sus cosas cuando coinciden por el barrio en sus quehaceres diarios. De sus maridos, de la familia, y de “cómo está el mundo”.


      También son dignos de destacar otros dos personajes con una presencia bastante residual aunque importante en el desarrollo de la historia y conocidos por sus curiosos apodos. Chetú y Cagendeu son dos macarras, dos matones, dos “malvados” que hacen lo que tienen que hacer sin plantearse absolutamente nada más, pero que, pese a todo, acaban por resultarnos simpáticos. 





      Y un par de cameos del propio autor en lo que parece ser otra de sus señas de identidad. Un más que evidente auto homenaje cuando uno de los personajes menciona que le gustan las novelas que escribe un tal “Q”, y el otro también en un bar (como en el libro anterior), aunque esta vez localizado en “la Ciudad Eterna”, en muy buena compañía pero teniendo por vecino a un tipo mucho más que peligroso.


      Pero si hay un personaje en esta novela coral que sobresale de entre todos los demás ese es sin duda Dani. Un joven compositor que solo puede sobrevivir a través de la música y que soporta su existencia con la ayuda de todo tipo de sustancias prohibidas. Es el hilo conductor de la historia. A través de él y de los cuadernos que metódicamente va rellenando día tras día iremos conociendo retazos de su historia personal, el por qué de sus problemas mentales, y de como a través de la música es capaz de “ver” a las personas y de distinguir en ellas la verdad de la mentira.



      Si en su anterior libro Juanjo Braulio abordaba el tema del poder en sus distintas vertientes y en cómo habitualmente ese poder suele utilizarse para hacer el mal, en esta ocasión la reflexión que se nos plantea es mucho más personal y cercana todavía. Ante un hecho delictivo, incluso en el caso de que este llegue a resolverse, a juzgarse y a condenar a los responsables, siempre queda una cuestión pendiente: el resarcimiento a las víctimas.

     Porque, ¿es suficiente la pena de cárcel para resarcir a quien tanto ha padecido? La víctima de una violación, de malos tratos, o los familiares de una persona que ha sido asesinada se deben/pueden sentir “satisfechos” con el hecho de que el causante cumpla más o menos años de prisión? ¿Y qué ocurre cuando por la habilidad de los abogados defensores, por algún defecto formal o por errores judiciales (que intencionados o no también los hay en cantidades ingentes) los responsables de semejantes barbaridades ni siquiera llegan a ser condenados?

"En derecho, Cristina, hay dos maneras de ganar un juicio. Una es ganarlo, claro; la otra es no perderlo nunca y dilatar el proceso de tal manera que, al final, se quede en nada". Elvira (la jueza) hablando con Cristina. Página 632.


      Ley y Justicia son conceptos diferentes y en ocasiones hasta antagónicos. Y de eso saben mucho les dones de cadira, un grupo de mujeres tan distintas entre sí que se tienen que reunir en un solitario claustro apartado para huir de las miradas indiscretas que, de otro modo, inevitablemente provocarían. Una especie de modernas “amazonas del apocalipsis” (espero que don Vicente sabrá perdonar la “boutade”) que por diferentes motivos personales optaron por dejar de lamentar su suerte y decidieron que había que hacer algo más que quejarse, uniéndose para, con sus propios y amplios recursos, resolver aquello que otros no podían o no querían hacer.


Claustro del Real Monasterio de la Trinidad


      Siempre se ha dicho que se escribe de lo que se conoce, o bien se documenta uno antes de ponerse a escribir sobre cuestiones que no domina demasiado. Rompamos aquí otro mito: el del escritor cómodo que sitúa la acción en su ciudad (para no tener que investigar demasiado) y que habla de personas y hechos que tiene relativamente cerca.

 
      No sea usted modesto, Sr. Braulio, porque ya no cuela. En este libro, como en el anterior, queda patente el gran trabajo de documentación realizado por el autor en muchos y diversos temas: la trama policial parece lógica y sobre todo verosímil (algo que muchas veces brilla por su ausencia en la llamada novela negra); las explicaciones médicas y de determinados procesos químicos son rigurosas y completas, así como las notas históricas sobre la ciudad de Valencia, la inmigración ilegal y las mafias que la manejan; cuestiones de informática que sobrepasan con mucho el nivel de “usuario”; las acertadas y contínuas referencias cinematográficas y literarias; y… la música. Sobre todo la música.


      Porque ese es el vehículo sobre el que se articula la historia. O, mejor dicho, las distintas historias que van entrecruzándose hasta desembocar en la colosal escena final. Las explicaciones musicales y las contínuas referencias a tonalidades y escalas cromáticas tal vez resulten demasiado complicadas para el común de los mortales, aunque imagino que serán motivo de disfrute tanto para los profesionales de la música como para los grandes conocedores de los entresijos de las composiciones musicales.


      Este sería el único pero que le podría poner al libro. Determinados pasajes y descripciones musicales que por elevadas y complejas me han resultado ininteligibles (tal es el grado de erudición que demuestran). Pero teniendo en cuenta quién es el personaje que realiza esas explicaciones y cuál es su situación mental provocada (aunque tangencialmente) por la música, el autor queda más que disculpado por ello.


      Es Dani el personaje que más aparece en la novela, el que cierra casi todos los capítulos y el que culmina la acción en una escena soberbia. Dura, como casi todo el libro, en la que convergen la música, el color, los olores y la acción más trepidante.


       Además se nota que es con este personaje con el que más ha disfrutado (y supongo que sufrido) el autor, y al que más páginas dedica. Y nosotros como lectores lo agradecemos por conocer su historia, por acompañarle en su sufrimiento y finalmente poder seguirle en un viaje purificador. Un gran personaje a la altura de un fenomenal libro.


     También es digna de elogio la construcción de otro de los personajes claves en la historia, ya que Roma Besalduch es una inspectora de policía alejada de los típicos clichés de personajes similares que suelen abundar en este tipo de obras. ¡Bravo, sr. Escritor! por demostrar que no es imprescindible que las jóvenes policías se nos presenten siempre abrumadas por su tormentoso pasado, ni que se tengan obligatoriamente que enamorar (generalmente de algún superior, o del atractivo juez de instrucción) habitualmente hacia la mitad de la historia. Para leer a este tipo de personajes ya sabemos a donde acudir. Desde luego no los encontraremos en las obras de Juanjo Braulio.

"Los hombres, Romi -le dice- tienen que ser como los zapatos: monos, bien de precio y que no te duelan". Patricia hablando con Roma, página 293.


      Porque aquí estamos hablando de otra cosa: de justicia, de venganza, y de literatura de verdad. Juanjo Braulio nos regala una historia dura, un relato magnífico en un estupendo libro.
      De los que dejan poso. De los que nos hacen reflexionar. De los que se instalan en nuestro interior y tiempo después de haberlos terminado todavía permanecen en nuestra cabeza y en nuestro corazón.

"La generosidad, la valentía, la integridad e incluso el mero sentimiento de humanidad resultan ser artículos de lujo que no se pueden pagar cuando la única posesión es la angustia, la pobreza y la desesperación". Página 55.



      En cierta ocasión contaba un amigo (perdona Juanjo, pero no recuerdo de quién es la cita) que el primer libro se escribe para que guste al editor, para así poder conseguir que se llegue a publicar. Que con el segundo se debe intentar gustar a los lectores, afianzando a los que leyeron el primero y consiguiendo nuevos adeptos. Y que es en el tercero cuando al fin el autor consigue desprenderse de esa mochila, desinhibirse y escribir para si mismo, librándose en cierto modo de los lastres anteriores.

      Pues si esto es así no puedo ni imaginar con que nos sorprenderá Juanjo Braulio en el futuro. 
 
      Pero de lo que estoy seguro es de que será otra fantástica historia. Y magistralmente escrita. ¡Enhorabuena, escritor!


    

  

jueves, 9 de febrero de 2017

"Hombres sin mujeres"

Autor: Haruki Murakami


Título original: Onna no inai otokotachi
Traducción del japonés de Gabriel Álvarez Martínez

Novela.   
Editorial Tusquets. Colección Andanzas
1ª edición: marzo de 2015
267 páginas.





BIOGRAFÍA

Haruki Murakami (Kioto, 1949) estudió literatura en la Universidad de Waseda y regentó durante varios años un club de jazz. 

Es, en la actualidad, el autor japonés más prestigioso y reconocido en todo el mundo, merecedor de premios como en Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize. En España ha recibido el Premio Arcebispo Juan de San Clemente (concedido por estudiantes gallegos), así como la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno español, y el Premi Internacional Catalunya 2011.





La ficción a menudo surrealista de Murakami se enfoca en conceptos como la alienación y la soledad. Es considerado una figura importante en la literatura posmoderna y está considerado como uno de los mayores novelistas de la actualidad.

En varias ocasiones ha aparecido como favorito al Premio Nobel de Literatura (sobre todo en 2013), pero, por el momento, es este uno de los pocos galardones que se le resisten.

Su primera obra publicada fue Oye cantar al viento (1979), pero su primer gran éxito vino de la mano de Tokio blues (1987). Posteriormente aparecieron Baila, baila, baila (1988), Al sur de la frontera, al oeste del sol (1992), Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1995), Sputnik, mi amor (1999), Kafka en la orilla (2002), After Dark (2004), 1Q84 (2009) y Los años de peregrinación del chico sin color (2013).

También ha publicado ensayos, entre los que cabe destacar De qué hablo cuando hablo de correr (2007) y La biblioteca secreta (1990), su única incursión, hasta el momento, en la literatura juvenil.





SINOPSIS


En esta ocasión Haruki Murakami ofrece a los lectores siete relatos en torno al aislamiento y la soledad que precede o sigue a la relación amorosa: hombres que han perdido a una mujer, o cuya relación ha estado marcada por el desencuentro, asisten inermes al regreso de los fantasmas del pasado, viven el enamoramiento como una enfermedad letal, son incapaces de establecer una comunicación plena con la pareja, o ven extrañamente interrumpida su historia de amor. Otros experimentan atormentados amores no correspondidos o, incluso, desconocen todavía los mecanismos del afecto y del sexo. 

Sin embargo, las verdaderas protagonistas de estos relatos -llenos de guiños a los Beatles, el jazz, Kafka, Las mil y una noches o, en el caso del título, Hemingway-, son ellas, las mujeres, que, misteriosas, irrumpen en la vida de los hombres para desaparecer, dejando una huella imborrable en la vida de aquellos que las han amado, o de los que, al menos, intentaron amarlas.





COMENTARIO

Murakami. Siempre Murakami.

Hacía tiempo que no leía nada del maestro japonés y ya tocaba hacerlo, a la espera de su próximo libro que parece que publicará en breve.

En esta ocasión se trata de un libro diferente a lo que hasta ahora había leído de este autor, ya que está compuesto por varios relatos. Siete historias más bien breves -de entre 30 a 40 páginas-, independientes entre sí, aunque con una temática común.

En todas ellas se habla de las relaciones entre hombres y mujeres en el plano amoroso, íntimo y afectivo. En unos casos la soledad (elegida o forzada) será el desencadenante que hará aflorar los recuerdos; en otro el desamor y el abandono llevarán a un hombre, adulto y profesional de éxito, a un autodestructivo final difícil de imaginar; relaciones de una noche que en ocasiones marcan toda una vida; llamadas telefónicas que interrumpen el sueño y la vida de quien las recibe.


Algunos de los relatos son autoconclusivos; otro no tanto. Pero en todos ellos Murakami nos deja con ganas de saber más de los personajes y de sus vidas, de cómo se desarrollan los acontecimientos posteriores y cómo continúan sus relaciones. Al terminar su lectura nos invade el deseo de que tal vez el autor los retome en algún momento y nos regale unos cuantos cientos de páginas más de cada uno de ellos.



"La vida es curiosa, ¿no crees? A veces, cuando observamos las cosas al cabo de un tiempo o desde una perspectiva un poco diferente, algo que creíamos absurdamente esplendoroso y absoluto, algo por lo que renunciaríamos a todo para conseguirlo, se vuelve sorprendentemente desvaído. Y entonces te preguntas qué demonios verán tus ojos". Sherezade.  Pág. 170.


Entre los relatos destacaría el que abre el libro "Drive my car", una historia en la que un hombre maduro cuenta a su joven empleada su historia personal con una antigua amante. En él aparecen, uno por uno, todos los elementos característicos de la literatura del autor: los automóviles, la música, los gatos, el sexo... mezclados en su justa medida. Y el sentimiento de pérdida sobrevolando todo el relato.

Pero el que más me ha gustado -por su rareza, por su surrealismo, por sus gotas de humor negro dentro de la gran tragedia que vive el personaje, o quizás por todo ello- es el titulado "Samsa enamorado". Una historia curiosa que comienza así: "Cuando despertó, descubrió que se había metamorfoseado en Gregor Samsa". Una vuelta del revés a la inmortal historia de Kafka. Aquí es un insecto el que se convierte en hombre, encontrándose totalmente perdido, como es lógico, dentro de una casa, en una ciudad, en un mundo del que lo desconoce absolutamente todo: la comida, la ropa, la propia forma de andar, la guerra... y, por supuesto, las mujeres.



"Se produjo una extraña duplicidad temporal, como si lo que estaba experimentando en el presente fuese el pasado visto desde el futuro. Como si las vivencias y los recuerdos circulasen en un ir y venir por un ciclo cerrado". Samsa enamorado. Pág. 227.


La tristeza, la soledad y la ausencia sobrevuelan cada uno de los relatos. El sentimiento de pérdida y la añoranza de tiempos pasados que no solamente fueron mejores que el presente sino que merecerían haber sido los únicos en existir, está muy presente en todo el libro.

En definitiva: nos encontramos en este libro, una vez más, ante la literatura de sentimientos y sensaciones a la que Murakami nos tiene acostumbrados. Con ese estilo suyo tan característico que nos hace desear volver a leerle una y otra vez.

Murakami. Siempre Murakami.









lunes, 6 de febrero de 2017

Política y alcohol


   Así que ahora se confirma que no fue el estrés, ni la depresión, ni el supuesto acoso de "algunos" medios de comunicación lo que acabó con su vida, sino que la única causante fue ella misma tras muchos años empinando el codo.

   Fallo multiorgánico como consecuencia de un proceso degenerativo caracterizado por la fibrosis progresiva del hígado, con destrucción de su estructura y de la de otros órganos vitales. Vamos, lo que viene siendo una cirrosis hepática de toda la vida.

   Su afición por la bebida era pública y notoria. Incluso en los últimos tiempos llegó a protagonizar unas cuantas actuaciones lamentablemente vergonzosas en algunos actos públicos en los que era evidente que se encontraba algo perjudicada (por decirlo suavemente) sumida en los vapores etílicos.

   Si fue o no una corrupta, desgraciadamente, ya nunca se llegará a juzgar. Si era quien organizaba las trampas en la financiación de su partido, lamentablemente, tampoco se aclarará nunca. Pero lo que ha quedado demostrado y que ya nadie podrá negar es que durante muchos años una persona con evidentes problemas con el alcohol (cosa que sus "amigos" sabían, conocían y aceptaban) fue la máxima responsable provincial de su partido y uno de sus referentes a nivel nacional. Allá ellos con su (poca) conciencia.

   El otro día todavía le entregaban un premio, y allí estaba el presidente del gobierno, loando su figura y reconociendo que la echaba mucho de menos.

   Ese sería su problema, de ellos y de su partido. Pero lo malo es que durante mucho, muchísimo tiempo, permitieron, apoyaron y celebraron que una persona con semejantes problemas fuera la alcaldesa de mi ciudad. Y eso si que nunca se lo perdonaré, ni a ella ni a sus "populares amigos".