viernes, 19 de diciembre de 2014

Invasión (VI)



Esta vez la patrulla sí regresó al poblado. En cuanto oyeron el aviso enviado por uno de sus compañeros supieron que debían dar media vuelta y regresar. A toda velocidad y con la esperanza de recibir buenas noticias, fueron llegando al poblado.

Todavía jadeando por la intensa carrera, tras refrescar un poco sus sudorosos cuerpos y beber algo de agua, tomaron asiento junto al resto del poblado que les esperaba ya reunido.

El último en llegar era el que todos esperaban, el que había lanzado el aviso. El portador de noticias. Y estas no podían ser nada buenas a juzgar por su aspecto. Su rostro permanecía serio, congestionado por la intensa carrera, pero reflejaba algo más que el esfuerzo realizado. Además de que había llegado solo.

Poco a poco fue recuperando el aliento, y con toda la serenidad que pudo reunir empezó a describir cómo había encontrado muerto a uno de los compañeros de la patrulla extraviada, aunque voluntariamente omitió de su explicación algunos detalles innecesariamente dolorosos. Solo había visto a uno de ellos, recalcó, aunque todo hacía indicar que los demás no habrían corrido mucha mejor suerte.

No había encontrado ni rastro de los otros tres, aunque era evidente que un grupo bastante numeroso había pasado por allí, dejando multitud de señales a su paso, y se había marchado en dirección a la costa. No había querido perder tiempo en seguir aquel rastro porque pensó que lo más importante en ese momento era avisar a los demás -y porque el miedo se lo habría impedido de haberlo intentado, tuvo que reconocerse a si mismo-, pero todo parecía indicar que el resto de la patrulla y sus captores habían marchado en aquella dirección.

Su breve explicación resultó definitiva, y sin más tiempo que perder, la aldea al completo se puso en marcha. A excepción de un par de hombres que se quedaron al cuidado de los ancianos y de los niños más pequeños, todos los que fueran capaces de empuñar un arma debían salir inmediatamente, con el mayor sigilo posible, al rescate de sus amigos. No había tiempo que perder. Sabían que cuanto más se demoraran en partir menores serían las posibilidades de encontrarlos con vida.

Marchaban en grupo, casi codo con codo, como múltiples extremidades de un mismo cuerpo, intentando hacer el menor ruido posible, perfectamente mimetizados con el entorno que tan bien conocían.

Avanzaban a buen ritmo a través de la espesa arboleda, con los sentidos en alerta constante ante cualquier indicio extraño que se pudieran encontrar, y poco a poco iniciaron el leve descenso que les conduciría hacia su objetivo. Apenas les faltaba un pequeño trecho por recorrer, justo cuando comenzaban a atravesar el pequeño riachuelo que desembocaba en un extremo de la bahía, cuando se quedaron paralizados por el sonido de varios truenos que parecieron caer allí mismo.

El cielo estaba despejado. Les envolvía la humedad de la selva, pero todavía no había empezado a llover. Y los hombres empezaron a caer.

Las cristalinas aguas, que en aquel punto les llegaban a la altura de las rodillas, empezaron a teñirse con multitud de manchas oscuras que navegaban alrededor de algunos cuerpos inmóviles.

Desde diferentes puntos de la orilla les estaban acribillando con unos dardos invisibles que atravesaban sus cuerpos, que parecían lanzados por unos seres de piel tan clara como jamás habían visto. Poseían una palidez exagerada (les parecían casi transparentes), pero solo en los pocos lugares en los que su piel no aparecía cubierta por un espeso pelo negro.

Seres peludos lanzando dardos mortales; relámpagos de fuego que les hacían caer como hojas secas arrastradas por el viento.

Ahora ya no se trataba de un par de hombres en peligro, sino que era el poblado entero el que se encontraba en una situación extrema. En su afán por ayudar a sus compañeros habían caído en una trampa de la que tal vez ninguno de ellos lograría escapar.

En el juego de los peludos, que les habían estado esperando y ahora se proponían acabar con todos ellos.


(…)

17 comentarios:

  1. Mola mola y mola la Invasión.
    Ha valido la pena la espera.

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    1. Me alegro de que te guste, amigo.
      Un saludo.

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  2. Ya estan hay otra vez los peludos.

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  3. que mal me caen los jodios.

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    1. jajajajaja
      La verdad es que no son muy simpáticos que digamos.
      Un saludo, Sevillano.

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  4. Estimado amigo.
    Decirle que una vez más ha sido para mi un verdadero placer disfrutar de la lectura de su relato del que, sin duda, lo mejor está todavía por llegar.
    Aún habrá de darnos muchas alegrías hasta convertirse en una gran historia.
    Ánimo, perseverancia y a ello.
    Saludos.

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    1. El honor es mio, mi Comandante.
      Siempre a sus órdenes.

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  5. La cosa está interesantisima. Espero que no ganen los peludos,

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    1. Me alegro de que te guste al historia, Alex.
      Y de lo otro... ya veremos como acaba todo.
      Abrazos virtuales.

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  6. Enhorabuena Paco.
    Me ha gustado bastante este capitulo y ademas es menos sangriento que los anteriores.

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    1. Muchas gracias María. Tomo nota de tu comentario.
      Un beso.

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  7. Molt bo, amic. Com sempre.

    Ahir un golet i prou. Tres punts.

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    1. Moltes gràcies Viçent. M'alegre de que t'agrade la història.

      Tres punts, però el joc... prou raquític.
      A millorar.

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  8. No es justo. A Maria le mandas un beso ya mi solo un abrazo.

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    1. Eres un celosón Sevillano.
      Besitos para elllas; abrazos para ellos. Y FELIZ NAVIDAD para todos.

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  9. Conforme van pasando los capítulos y se va desarrollando la historia cada vez me gusta más.
    A continuar así.

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    1. Muchas gracias por el comentario.
      Espero que las próximas entregas continuen siendo de tu agrado.

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